Populistas

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Populistas

populismo de izquierda. Populismo de derecha. Antes creían que eran dos fenómenos separados. Después de la campaña de Trump, ya no. Oír los discursos de Trump era ver una sabatina. El populismo de la nueva izquierda (de Podemos en España, el latinoamericano del siglo XXI) y el de la derecha nacionalista (de Trump en EE. UU. o LePen en Europa) son caras de una misma moneda. Son iguales en esencia: la construcción de un relato falaz, que concluye con la salvación por parte de un caudillo mesiánico para llegar al poder. Según Albertazzi y McDonell, el populismo es “una ideología que enfrenta a un pueblo virtuoso y homogéneo contra un conjunto de élites y ‘otros’ colectivos peligrosos a los que acusa de arrebatar los derechos, los valores, la prosperidad o la voz que le corresponden a ese pueblo soberano”. En otras palabras, construyen su relato a partir de una conspiración de un antagonista bien identificado. La diferencia está en quién será ese antagonista. Para un populista de izquierda serán los ricos, los pelucones, que por su posición privilegiada han empobrecido a los trabajadores y se han enriquecido a su costa. Para uno de derecha, el otro serán los extranjeros, los “illegal aliens” que se han infiltrado en el país para robar los empleos. Para Trump, los mexicanos; para LePen, los musulmanes. Otro punto que tienen en común, ambas narrativas tienen impacto cuando el país se ve inmerso en una crisis económica y buscan respuestas concretas. Ya sea populista de izquierda o de derecha, los dos serán hostiles ante la globalización. Para el primero es el culpable que los ricos se enriquezcan por la explotación a los países del Tercer Mundo. Para los otros, la globalización significa que “los ricos apátridas” invierten en países con mano de obra barata, disminuyendo la producción nacional. Otra cosa que tienen en común: ninguno de los dos propone medidas sensatas, sino que utilizan el sufrimiento del electorado, identifican “su causa” y se presentan a sí mismos como los salvadores. Dos extremos de una misma línea. Otra cosa que tienen en común. Ambos son igual de peligrosos.

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