Politica plagada de peligros de China hacia Taiwan

La contienda geopolítica entre China y Estados Unidos ha sido descrita como una nueva guerra fría. El punto de ignición bien podría ser Taiwán, debido a la política china con respecto a la isla. El gobierno de China suspendió contacto diplomático con Taiwán en junio de 2016 porque el Partido Progresista Democrático (PPD) de Taiwán, proindependencia, que acababa de regresar al poder, se negó a reconocer el Consenso de 1992, base política del principio Una China. Desde entonces la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, ha seguido una política moderada, decepcionando a los partidarios de línea dura del PPD. Pero eso no le basta a China. Persuadió a cinco países para que rompieran relaciones diplomáticas, reduciendo el número de naciones que mantienen relaciones formales con la isla a 17 y reprimiendo el turismo proveniente de su zona continental. El PPD sufrió pérdidas devastadoras en las elecciones locales y una debilitada Tsai dimitió de su puesto de líder del partido. China aumentó la presión y dejó claro que continúa decidida a buscar la reunificación, rechazando el argumento de que su sistema político autocrático es fundamentalmente incompatible con la democracia bulliciosa de Taiwán, insistiendo en que la fórmula de “un país, dos sistemas”, que se aplicó por primera vez a Hong Kong cuando el gobierno británico retornó esta región al gobierno chino en 1997, sería suficiente para proteger los intereses y autonomía de Taiwán. Pero en Hong Kong las libertades se han ido erosionando durante el mandato de Xi. Su postura firme con respecto a Taiwán puede revitalizar un marcado apoyo para Tsai y el PPD, pero Xi no la abandonará en el futuro cercano, ni su política dejará de ser contraproducente. Sin embargo, con el tiempo producirán beneficios decrecientes. Luego de que China redujera el número de visitantes provenientes de China continental, Taiwán dirigió su atención a atraer turistas de otros países: 11 millones visitaron la isla en 2018. Para reducir su dependencia económica del continente, Taiwán ha diversificado agresivamente sus mercados en el extranjero y tiene algunas fuentes importantes de apalancamiento. Si restringe su industria electrónica, aceleraría significativamente el éxodo de fabricantes orientados a la exportación, que saldrían de China por el aumento de aranceles de importación estadounidenses. Quizás la consecuencia más peligrosa de la política de China hacia Taiwán es que aumenta las tensiones con EE. UU., principal protector de la independencia de facto de Taiwán. Su Congreso aprobó por unanimidad la ley de viajes que permitirá que altos funcionarios estadounidenses visiten Taiwán y viceversa. Esto enfureció a China, pues equivale a un reconocimiento oficial del gobierno de Taiwán. Además, EE. UU. retiró a sus embajadores en Rep. Dominicana, El Salvador y Panamá, en protesta por su decisión de romper lazos diplomáticos con Taiwán. Y se encuentran en discusión propuestas para fortalecer la cooperación entre EE. UU. y Taiwán en defensa, incluso con venta de armas más avanzadas. China ha respondido escalando y subiendo de tono la presión sobre Taiwán, con una dinámica altamente peligrosa en momentos en que las relaciones entre EE. UU. y China ya son tirantes. A menos que los líderes de China rompan el ciclo, podría estallar un conflicto directo.