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Politica economica: buena, o mala
La política económica es apta, o no lo es. Es contracíclica (por ejemplo para estimular la producción cuando hay recesión) o es procíclica (cuando esta ahonda una recesión). Es, como se dice vulgarmente, buena, o es mala.
Pero no es de izquierda o de derecha.
Supuestamente, una política económica de izquierda pone más énfasis en lo social. Pero el problema no radica en el énfasis, sino en la calidad del gasto, y en la disponibilidad previa de los recursos que solamente la producción genera. La producción, a su vez, tiene que ser resguardada y ello pone un tope natural a la extracción y al modo de extracción de los recursos a través de los impuestos.
Izquierda y derecha deben ponerse de acuerdo en que la mejor política social es el empleo productivo. La prosperidad emerge cuando la población tiene ingresos, y no hay mejor y más idóneo ingreso que el que se genera en el empleo, por lo que no hay bono de pobreza que pueda superar esa condición. Pero ¿cómo se crea empleo? Ciertamente no por decreto, como tampoco ocurre con los salarios. Si las soluciones se dieren por medio de leyes o decretos no existiría la ciencia económica. El rumbo de la economía marcha por el sendero de la productividad y de la competitividad, y un gobierno responsable y conocedor de estas realidades puede jugar un rol estratégico en incentivar la producción eficiente.
En toda circunstancia, de izquierda o de derecha, la disciplina fiscal es un bien público; vivir del dinero ajeno crea dependencia, constriñe el ejercicio de la soberanía y tiene límites. Cuando un gobierno gasta más que lo que tiene, los efectos colaterales siempre son nefastos. De igual manera, las cuentas externas son afectadas por el excesivo gasto público que empuja la demanda de las importaciones de bienes y servicios. La inflación y el desempleo son impuestos regresivos. Y, finalmente, la vigencia de un régimen de previsión y seguridad social sustentable en el tiempo y viable en sus flujos, es un imperativo que no reconoce banderías ideológicas. La honestidad no es patrimonio de ideología alguna, pero el poder absoluto, es innegable, corrompe absolutamente.
Si habremos de madurar como sociedad, ya es hora de que terminemos de identificarnos como de izquierda o derecha, y empecemos a hacerlo como ecuatorianos.