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Photoshop al sueldo
En cada población, los habitantes conocen cuál era el origen de sus mandantes antes de llegar al cargo y su estatus económico posterior. Al igual que esos ‘influencers’ que recrean una vida de ensueño en las redes sociales a punta de aplicar filtros que disimulan las imperfecciones de la realidad, no es difícil encontrar incoherencias en la ostentosa existencia de ciertos cargos públicos o electos con sus sueldos y sus declaraciones patrimoniales previas. Su vida en papel contrasta con su generosa existencia. Sorprende, además, la pereza en disimular a la hora de disfrutar de una pujanza sobrevenida que no tiene sustento declarado ni público. También chocan su discurso y su ‘modus vivendi’: hay que repartir la riqueza entre todos. ¿Menos la de ellos? Así ocurre, a juzgar por lo que se paga en impuestos. Tanto político profesional sin fuentes de ingresos aumenta las sospechas sobre su financiación. Y el ciclo se cierra cuando, en casos cada vez menos excepcionales, se dan a la fuga. Para ser prófugo de ese nivel es indispensable gozar de un presupuesto grueso que, en papel, no tiene respaldo en los años de ejercicio previo. A estas alturas, habrá que aumentarles los sueldos a estándares internacionales para que, al menos, cuadren las cuentas. El control de la autoridad ha demostrado no ser un freno a estas prácticas.