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Petroleo y geopolitica
El factor geopolítico incide sobre el precio del petróleo, el producto más comercializado en el planeta. Es un mercado con equilibrio precario en que interactúan el consumo, que crece conforme crece la economía global, y la oferta, que se torna aleatoria cuando los productores se encuentran, para bien o para mal, frente a circunstancias de mercado estratégicamente comprometidas o favorables.
La abrogación del pacto nuclear anunciada por el presidente Trump crea las circunstancias de vulnerabilidad estratégica pues la acción conlleva la potencial merma de la oferta por parte de Irán, el segundo mayor productor de crudo de la OPEP, que se enfrenta a la pérdida de mercados. A esto se une el colapso de Pdvsa, cuyos niveles de producción continúan descendiendo. Rusia, Arabia Saudita y Estados Unidos son los principales favorecidos. Los dos primeros están unidos dentro del acuerdo de cartelización de la OPEP, en cambio el tercero se nutre, sin restricciones de ninguna especie, de la bonanza del mercado.
¿Y Ecuador? Somos un país de producción marginal que está montado sobre el precio del mercado. En lo que va del año, el Gobierno ha sido favorecido por el ciclo de expansión de precios pues, habiendo presupuestado un valor referencial de US$ 41,95 por barril, se están percibiendo ingresos superiores en más de un 40 % a los previstos. Más aún, las tendencias favorables apuntan a que en 2019, según lo proyecta el Bank of America, el barril de crudo podría volverse a ubicar en la percha de los US$ 100. Hay que recordar, finalmente, que en la estructura fiscal actual se requiere de un precio de petróleo de $108 por barril para equilibrar las cuentas.
Se cumple un nuevo ciclo de mercado que aún no se siente pues el descalabro es de tal magnitud que la economía continúa en su ciclo recesivo. El riesgo país sigue subiendo y, para variar, la calentura no está en las veleidades petroleras, sino en las actitudes equívocas de las autoridades económicas que no aciertan a señalar un camino de recuperación.
La circunstancia favorable presente y prevista del mercado crea la oportunidad, e impone la necesidad de que los ingresos no anticipados sean bien utilizados en la reparación del crédito público, y no en la continuidad de la mala práctica económica.