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Perdon, pequena palabra con grandes beneficios

Al no darlo creemos que ‘castigamos’ al otro, pero usted se afecta más. Libérese de los efectos dañinos de no entregarlo y reconcíliese.

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“No actuó como le dije, pasó sobre mí”, “No me invitó a su evento”, “Me fue infiel” . Estas u otras situaciones (insignificantes o no) pueden llenarlo de resentimiento y crear distancia entre usted y aquel que le faltó, ofendió o quien usted cree que así lo hizo. No le habla, o tal vez sí porque no tiene otra opción, mas en su interior no hay paz, quiere desquitarse o decirle las ‘verdades’ desde la ira.

¿Cómo liberarse de los sentimientos negativos y hacer las paces con el perdón? ¿Por qué cuesta tanto? El sacerdote Rider Macas, experto en teología, sociología y psicología, explica que lo es porque implica renunciar a la postura, dolor, recuerdo, ego, pensamientos y, sobre todo, juicios; es volver a poner al sujeto en el mismo lugar afectivo en el que estaba. Lo cultural también es un obstáculo, pues se piensa que el que perdona es débil.

No perdonamos porque decimos “no se lo merece, me hizo mucho daño, no se ha disculpado ni arrepentido, parece que no tiene conciencia. No importa la reacción del otro. Perdone y entienda que soltar la ofensa es por su bien, por su libertad, es quitarle el ‘derecho legal’ de seguirle lastimando, así él no esté ni enterado de ello”, subraya la orientadora Lorena Erazo.

Pesa, apesta y se pudre

“La falta de perdón es como llevar un muerto: pesa, apesta y se pudre. Esto último hace que se contamine y se vuelva amargado, no puede compartir con los demás porque anda de mal humor en el trabajo, quizá maltrató a alguien en casa. Esto ocurre por las raíces de disgusto que provocaron las faltas u ofensas, ya no puede convivir con ellas y eso se verá reflejado en su entorno”, enfatiza Erazo.

Claves fundamentales

Sí se puede aprender a reconciliarse. Ponga en práctica estos consejos:

- Autoconocerse. Vea hacia adentro: ¿qué lo enoja y lo hace sentir mal? Analice la situación, sus emociones, pensamientos y formas de reaccionar. Allí reconocerá que el rencor, orgullo y egoísmo están dentro y son estorbos.

- Acepte que todos somos iguales. Yo puedo caer en el mismo error.

- Aceptación. Es no negar lo sucedido, aquello que le produjo ira, tristeza, decepción.

- Si admite que no puede solo, pida ayuda familiar, espiritual o psicológica.

- Exteriorícelo con palabras, en persona, o escriba un e-mail, mensaje de texto, etc. Incluso puede aplicar la técnica de la silla vacía e imaginar que allí está la persona a la que no puede perdonar. Abra su corazón, es muy liberador y tiene el mismo impacto emocional que si el individuo estuviera realmente oyéndolo.

- No importa si lo rechaza, se burla o dice más ofensas. No espere a que lo entienda. Usted enfóquese y perdone con sinceridad. Como disculpó al hecho y a la persona, empiece a tratarla con cordialidad y empatía.

Recordar sin dolor

“Perdono, pero no olvido”, frase cierta, “pues al perdonar no me da amnesia, solo que la cuenta queda en cero y mi atención ya no se centra en el sujeto, sino en mis nuevas experiencias, proyectos, vida”, enfatiza Merlano.

Y cuando el agravio vuelva a su mente, recuérdese a sí mismo que ya dio su perdón. No caiga en tentaciones. “Si ya sacó la basura de su vida, no la deje entrar de nuevo”, recomienda Erazo.

El orgullo, la primera causa

Samuel Merlano, psicólogo, coach y orientador, comenta que en sus 20 años de experiencia casi al 100 % de sus pacientes se les ha imposibilitado perdonar. La mayoría por orgullo, otros porque no saben hacerlo y el resto por el dolor que llevan. “A los perfeccionistas, rencorosos y orgullosos son a quienes más se les dificulta, porque no aceptan que los demás les fallen”.

Macas dice que no es cuestión de personalidad, sino de decisión y voluntad. Los patrones aprendidos en la familia influyen si hay la cultura del perdón. Con el ejemplo, es más fácil darlo.

¿El ofendido, a qué tipo de persona le cuesta más disculpar? A quien más se le ha dado amor y confianza, dice Merlano.

Para el clérigo, depende del nexo afectivo y emocional que se tenga con la persona. “Si se rompe se puede volver a formar. Y si es creyente recuerde que así como Dios perdona nuestras ofensas y debilidades, nosotros debemos proceder igual”.

¿Necesita ejemplos? Sea como los niños, quienes no ven la vida desde el rencor. Si se sienten ofendidos, lloran, reclaman, miran mal, pero no contaminan la pureza de su corazón. El adulto, a causa de las heridas, tiende a defenderse, enmascara su dolor y se endurece, guarda resentimiento.

Consecuencias

- Para el que perdona: Salud, alegría, paz, descanso, mejor desempeño, crecimiento personal y espiritual. Mejor carácter y entorno.

- Para el que no: Enfermedades psicosomáticas: colon irritable, gastritis, taquicardia, dolores de cabeza, insomnio. Y en el plano emocional, depresión, estrés, ansiedad, irritabilidad...

Contra el cáncer

Steven Standiford, jefe de cirugía del Cancer Treatment Centers of America, cuenta que las heridas emocionales pueden obstaculizar los tratamientos. La ansiedad crónica crea exceso de adrenalina y cortisol, que agotan la producción de las células naturales que defienden el organismo, los ‘soldados’ que luchan contra la enfermedad, reveló a CBN News.

Encuesta

SEMANA realizó un pequeño sondeo y le preguntó a 150 personas sobre el tema. El resultado fue el siguiente:

1. ¿Le cuesta hacer las paces?

El 62,8 % dijo que no y el 37,2 % sí.

2. ¿Con quién le cuesta más?

El 42,9 % dijo que con familiares, el 32,1 % con amigos y el 25 % con compañeros de trabajo o estudio.

3. ¿Se puede aprender a perdonar y reconciliarse?

El 97 % dijo sí y el 3 % no.

4. ¿El orgullo sería el mayor impedimento?

El 92 % dijo sí y el 8 % no.

5. ¿No perdonar afecta la salud?

El 86,5 % dijo sí y el 13,5 % no.

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