Ni perdon ni olvido

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Ni perdon ni olvido

El correato, como estructura sociopolítica, normativa y práctica ideológica ha dado muestras de qué era: un grupo de mafiosos con título académico y doctorados palanqueados. Ya sabemos qué buscaban y cuáles fueron sus reales intenciones: crear un descarado y sistemático saqueo de fondos públicos, cubierto en un régimen de impunidad. Crear consignas de Patria, publicitadas por la mentalidad siniestra de un discípulo de Goebbels, hoy prófugo de la justicia. Crear un sistema de persecución a prensa y periodistas, hombres y mujeres de pensamiento crítico. Así, pusieron al frente a un resentido social, que cual Torquemada, perseguía, reprimía y sancionaba a todo medio de comunicación que no se alineaba con la “robolución” ciudadana.

Luego de año y medio de investigación ya conocemos bastante. Siguen saliendo suficientes evidencias y pruebas que demuestran cómo El Padrino y la banda de Alí Babá saquearon los fondos públicos, los del Seguro Social y de otras instituciones, dejando un agujero negro de endeudamiento externo. Por eso al término del 2018 hay que repetir esa frase que está constantemente en el escenario político del Ecuador, especialmente cuando se trata de los escandalosos actos de corrupción y de robo descarado que llevó adelante la mafia de la década robada: ni perdón ni olvido.

Por eso el verdadero monigote que hay que quemar con leña verde y camaretas es el que representa a ese Alí Babá con PhD, que insultaba, hostigaba y vejaba a cualquier persona, líder o político que no coincidiera con sus dogmáticas ideas. En medio de su apoteosis, cuando copaban todo el poder, el Padrino de la política y los robos efectuados con canciones del Che, siempre repetía: “prohibido olvidar”. Esto es precisamente lo que debe hacer la ciudadanía, todo ecuatoriano decente y con elementales principios éticos: no olvidar. Tener presente que un aprendiz de dictador y megalómano, con todos los problemas psicológicos que mostraba en cada intervención, gobernó este país y que su pandilla hizo siniestros negocios, falsificó títulos, plagió tesis, escondió evidencias para seguir en la impunidad. Ese muñeco debe ser reconocido y quemado porque la sociedad tiene “prohibido olvidar”.