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Los pequenos Goebbels bolivarianos

Recordarán los lectores aficionados a la historia que Josef Goebbels fue, con su oratoria, publicidad y el pequeño diario que tenía, quien logró dar un gran impulso al partido nazi, al que se afilió, hasta encontrarse tan cercano a Hitler que lo llegó a nombrar su sucesor. Ahora quiero referirme solo al ministro de propaganda del líder nazi, quien al asumir el poder como canciller de Alemania, designado por el presidente Hindenburg, anunció que creaba un ministerio destinado a iluminar al pueblo alemán y a tratar los asuntos de la propaganda.
Para Goebbels, el término propaganda debía reservarse para la actividad política. Según él, el hombre político y deseoso de imponer una idea o de preparar a las gentes para determinadas leyes deberá hacer propaganda, mucha propaganda en todos los medios que sea posible.
Goebbels, en el ejercicio de su ministerio, además de la prensa, controló la radio, el cine y el teatro y luego arrancó de las garras de los demás miembros del gabinete, funciones como la vigilancia de la prensa y la radio, el derecho de anunciar y reglamentar las vacaciones nacionales, el control de la censura de libros, juegos y políticas, competencias deportivas, la organización de las ferias, la red de agencia de información y toda la propaganda para la organización del turismo extranjero. Por último, Goebbels se atribuyó la facultad de informar al extranjero de cuanto sucedía en Alemania empleando todos los medios que estimara oportunos. Con todos estos elementos sostuvo que para fomentar una relación política, el modo más sencillo era establecer una revolución espiritual, con la cual al adversario no se le aniquila sino que se lo domina.
Para nuestro criterio, al usar la propaganda le fue muy fácil conquistar a campesinos y obreros, lejos del mundo exterior, y repetirles de continuo frases vacuas acerca de su salvación y de la felicidad universal. Para ello, no se olvidó de repartir radios en casi todos los hogares de esta gente.
Las comparaciones. Sin embargo, el método del uso de las comparaciones le dio un resultado muy efectivo. Hacía creer, utilizando sobre todo la radio (que en esa época era el medio más efectivo de propaganda), que todo lo que había sido o hecho antes no valía nada y que el Gobierno de Hitler todo lo que hacía era superior a la Alemania que encontró.
En conclusión: el poder de Goebbels consistía en decidir lo que las gentes debían de leer, o lo que habían de saber, lo que habían de pensar, la música que debían escuchar, las obras de teatro que tenían que ver, etc.
Los imitadores. Para lograr sus fines, Goebbels fue apoderándose de las pequeñas emisoras que quebraban por la falta de publicidad y se preocupó de que a las de mayor sintonía, las empresas les quiten sus anuncios hasta poder su Gobierno adquirirlas. Igual formula usó con la prensa, a la que bombardeaba con circulares que endiosaban al régimen hasta que llegaron a caer también en su poder, preocupándose de dejar tres o cuatro periódicos, de poca circulación, para que critiquen al régimen a fin de demostrar al mundo que existía libertad de prensa.
Los gobiernos bolivarianos. Fue primero Fidel Castro, al declararse comunista, quien nacionalizó todos los medios de comunicación y empleó un sistema similar al de Goebbels, aunque los medios de publicidad habían avanzado un poco más, con la presencia de la televisión.
Con el ascenso de Hugo Chávez al poder también se empezaron a emplear los medios utilizados por Goebbels, pero como los tiempos habían cambiado no le fue muy fácil abarcar con todas las radios, los periódicos y la televisión y muchos de ellos se salvaron gracias a los organismos internacionales que existen para defender los derechos humanos, entre ellos la libertad de prensa. La presión recibida les evitó cometer todos los abusos que deseaban. Además, surgieron los celulares, que se han convertido en la forma más práctica de alabar o censurar a un régimen, por medio de los mensajes que circulan fácilmente.
Maduro, sin el carisma que poseía Chávez y por los errores cometidos en cuanto al manejo de la economía, la elevada corrupción y la falta de capacidad de sus colaboradores, ahora trata de defender su Gobierno, derrotado ampliamente en las urnas, tratando de interpretar las leyes a su manera; pero ya el país ha tomado conciencia de los muchos abusos cometidos y esperamos que entienda que la única forma de salvar a Venezuela es buscando un entendimiento con la oposición para lograr mantenerse en el poder y terminar su periodo.
Argentina. Doña Cristina trató de seguir pasos similares, pero sus ataques a la prensa no lograron acabar, por ejemplo, con el diario El Clarín, el de mayor circulación en Argentina, y la Nación, el periódico en español de mayor prestigio en nuestro subcontinente; aunque sí pudo apoderarse de algunos diarios y canales de televisión. Pese a los doce años de gobierno de su familia, no obtuvo la reelección, porque los escándalos de corrupción y de abusos le impidieron incluso colocar un candidato de su confianza para las últimas elecciones, debiendo recurrir a Scioli, hombre de vínculos muy débiles con los Kirchner y que perdió, seguramente, por haber sido calificado de continuista.
Los métodos de Goebbels pueden tratar de imitarse pero, por suerte, se han creado tantas organizaciones internacionales y ONG en defensa de la libertad de expresión y pensamiento que ya han quedado obsoletos estos sistemas, excepto el de la comparación, que sigue en boga.