
El peligro inminente de vivir a la orilla del rio
Al menos dos asaltos o intentos de robo por mes, utilizando el río como vía principal, se han registrado en lo que va del año.
Al menos dos asaltos o intentos de robo por mes, y utilizando el río como vía principal, se han registrado en lo que va del año en las viviendas de las urbanizaciones de la parroquia urbana de Samborondón, La Puntilla.
La última se suscitó entre la noche del domingo y madrugada del lunes pasado, según reportes de la unidad fluvial del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) de la Policía, quienes son los encargados de patrullar la zona del Golfo de Guayaquil.
Sujetos a bordo de una lancha habían roto una de las mallas de protección que no tenía electricidad e ingresaron sin que los dueños de la vivienda se dieran cuenta. Agarraron lo más que pudieron y escaparon por el río. Los afectados llamaron al ECU-911 y ellos, a su vez, coordinaron con el GIR para que atienda la emergencia. El personal policial de esa área llegó una hora más tarde.
“El tiempo de reacción que tenemos no es el adecuado. Como Unidad Fluvial tenemos nuestra sede en el Yacht Club de Puerto Azul y hasta llegar a La Puntilla nos hacemos más de una hora. Lo ideal sería tener muelles más cercanos, o que instituciones que puedan llegar más rápido atiendan la novedad”, explica el teniente coronel Kléver Ochoa, comandante del GIR en la Zona 8.
Ochoa está consciente de lo necesario que se ha vuelto este servicio, especialmente en los últimos años en los que los índices delincuenciales relacionados a los asaltos a camaroneras, a pescadores y a domicilios por el río ha aumentado.
Entre los casos en los que ha conocido, recuerda, se encuentra uno que se suscitó cerca de la isla Mocolí.
“Ingresaron por el patio, los amarraron y amedrentaron con pistolas y se fueron sin dejar rastro. Cuando nosotros llegamos obviamente ya no encontramos a nadie cercano que interceptar”, dice.
Durante un recorrido realizado por EXPRESO se pudo constatar que la mayoría de las casas de urbanizaciones privadas que dan al río no tienen suficiente seguridad posterior. Algunas solo usan barandales y otros poseen muelles abiertos. Incluso, las que sí tienen cercos eléctricos y paredes de metal lo suficientemente altas están junto a lotes vacíos, por lo que es fácil ingresar para luego subir paredes.
Para Ochoa, lo ideal sería que las urbanizaciones empiecen también a construir garitas y cámaras hacia los lados del río. “Sabemos que, en la mayoría de los casos, los asaltos se realizan en complicidad con guardias o trabajadores internos. Ellos les avisan por dónde pueden ingresar y a qué hora”, precisa. Por eso la necesidad, dice, de no dejar abierta el área posterior.
El tiempo de llegada les ha impedido capturar a estos piratas de río que cada vez más acechan los patios de las urbanizaciones cerradas.
Equipo
Hace más de 10 años, la Unidad Fluvial del GIR cuenta con dos grupos de siete u ocho policías por turno. Una lancha es la que siempre está en el agua patrullando y tienen otra para atender emergencias.
Recorrido
El principal problema se centra en que los equipos deben dar la vuelta al Golfo de Guayaquil para poder llegar a La Puntilla desde la vía a la costa. Ese viaje dura aproximadamente dos horas de ida y dos de regreso (ver infografía).