Patrimanas

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Patrimanas

Un medio de comunicación realizó una investigación sobre la trayectoria y “las cuentas” de los miembros del gabinete del actual presidente de la República, donde constan entre otras cosas, la formación académica y el patrimonio que estos declaran. El reportaje encierra detalles de los más variados e inverosímiles. Unos denotan a simple vista razonabilidad en sus declaraciones; sin embargo, otros personajes se fueron al lado opuesto de la orilla, mostrando declaraciones patrimoniales que son simplemente una burla, al filo de la grosería, por decir lo menos. Patrimonios de unos cuantos miles de dólares, luego de haber trajinado como profesionales por varios años, resultan absolutamente impresentables.

Dice un sabio refrán popular que “el que nada debe, nada teme”; y otra ley dice que “incurre en defraudación tributaria la persona que simule, oculte, omita, falsee o engañe a la Administración para dejar de cumplir con sus obligaciones o para dejar de pagar en todo o en parte los tributos realmente debidos, en provecho propio o de un tercero”. Una de las prácticas ilegales más comunes es la de utilizar a personas naturales o jurídicas, simulando actos como “donaciones a familiares” que ni siquiera tienen la capacidad económica para mantener los bienes recibidos, con el fin de evadir el cumplimiento de las obligaciones tributarias. En la práctica resulta que el patrimonio de ciertas autoridades no guarda relación con su estatus de vida.

Los ecuatorianos no estamos ciegos y gracias a la prensa independiente nos damos cuenta de que ciertas despreciables mañas simplemente no cambian.

Se deberían disponer auditorías a los patrimonios de todos los funcionarios públicos de este y del gobierno de la década perdida, para que se determinen sus realidades patrimoniales y las fuentes para haberlas logrado. Deben comenzar acciones legales sin contemplación, contra cualquier servidor que haya aprovechado su posición para lograr ingresos ilegales y transformarlos en bienes manchados de indecencia, a cargo de unos cuantos testaferros. ¡Cero tolerancia a las patrimañas!