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El parque mas desolado

Se lo reinauguró en octubre pasado, pero su construcción data de hace más de 15 años. Es una de las pocas áreas recreativas que tiene la isla Trinitaria.

En el sur. El lugar abre de lunes a lunes, pero solo las tardes del sábado y domingo está ocupado.

En algún lugar más allá de donde terminan las columnas de casas de la isla Trinitaria, en el sur de Guayaquil, está uno de sus más grandes espacios recreativos: un parque ecológico que ocupa casi dos hectáreas de un terreno salitroso, bordeado de una espesa vegetación y un color verde tan intenso como ya no se ve fácilmente en la ciudad.

Está allí desde hace cerca de 17 años y se ha convertido quizá en el parque más solitario y aislado de la urbe. A las 10:00 de la mañana de un sábado, cualquier otro espacio recreativo suele estar plagado de niños que saltan de un juego a otro, que corren detrás de una pelota y de adultos que corren o aprovechan para ejercitarse. Pero este parque es la excepción.

“Acá los fines de semana Ud. encuentra muchas personas, pero solo en las tardes”, dice uno de los guardias. El sitio está abierto todos los días desde las 08:00 hasta las 17:00. Pero casi siempre es un lugar silencioso y desolado.

¿Por qué? Existen varias razones. La primera de ellas es que no es fácil llegar hasta él. Desde la última calle adosada por viviendas, hay algo más de 400 metros de camino en línea recta. Pero nunca se puede llegar hasta ahí en línea recta. Hay que doblar en las esquinas, sorteando campamentos ocupados por grandes contenedores que colocados uno sobre otro actúan como enormes cortinas de hierro que ocultan el horizonte.

Y que, como si se tratara de un laberinto, obligan a girar primero a la izquierda, luego a la derecha, nuevamente a la derecha y finalmente a la izquierda, hasta dar con el lugar.

Es entonces cuando aparece ese tramo de camino adoquinado que se abre entre la verde espesura de un bosque de mangle. Porque aquello que rodea al parque con un verde luminoso es mangle, un espacio que cubre casi la totalidad de algo más de 397 hectáreas. Igual o más grande que la zona ocupada por las 75 mil familias que habitan las más de 30 cooperativas que se reparten en la zona urbana de la isla Trinitaria.

En esa explanada verde el área recreativa es apenas un pequeño punto compuesto de siete canchas, espacios de juegos mecánicos y caminería.

La supervivencia de este solitario parque tampoco resulta fácil. Se lo construyó hace 17 años, dice Wilfrido Matamoros Morla, gerente de la Fundación Guayaquil Siglo XXI. “Cuando el Gobierno pasado prohibió que los guardias de seguridad portasen armas, la delincuencia se apoderó del parque y terminaron por llevarse todo. Hasta los postes del tendido eléctrico desaparecieron”.

Originalmente, el tramo actual era parte de un proyecto de tres etapas que se adentraba en el salitral para construir nuevos espacios recreativos y hasta un mirador frente al estero que cruza al fondo de la isla.

Si en los inicios las familias -niños y adultos- se apoderaron del lugar, luego hubo momentos en que resultó difícil llegar hasta ahí por la inseguridad. “Fue un sitio en el que solo las pandillas estaban acá. Hubo mucha violencia”, relata David Campos Ortega, un padre de familia que en estos días lleva a un sobrino y a su hijo al lugar para que entrenen fútbol.

El sitio mantiene las luminarias, pero estas no se encienden por las noches. Por su ubicación, alejado del ruido urbano, este parque de la Trinitaria debe ser al momento uno de los espacios recreativos menos utilizados por la ciudadanía.

Una situación que la Fundación Siglo XXI confía que cambiará. “Estamos esperando que las familias vuelvan. Creemos que pronto la comunidad se empoderará de este lugar, que resulta especial por el sitio en el que se encuentra”, manifiesta Wilfrido Matamoros.