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El parque da vida a una zona de Samanes antes apagada

Antes del parque la zona no era nada comercial, la gente la evitaba, por la zanja, el canal, la inseguridad. Hoy el panorama es distinto, podemos crear, innovar, levantarnos.

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En el lugar todos tienen la posibilidad de crecer, de progresar económicamente. Los habitantes le apuestan a los negocios: papelerías, comedores, restaurantes, lavadoras, minimarkets. Buscan emprender.

Ocurre en la ciudadela Samanes, al norte de Guayaquil, a lo largo de las etapas 1, 2 y 6, que colindan con el parque recreacional Samanes, que es uno de los sitios de mayor atracción de la ciudad.

Alrededor de 150.000 lo visitan al mes, según datos del 2014 de la Empresa Pública de Parques Urbanos y Espacios Públicos. Los usuarios hacen deporte, caminan, juegan o simplemente se echan a descansar.

El espacio es idóneo para todo. La comunidad reconoce los beneficios de haber construido el parque, ya que si no fuera por él, la ciudadela “aún sería ese botadero de basura que en su momento tanto coraje y riñas me causó”, afirma la moradora Margarita Mesa.

Ella, quien es propietaria de una ferretería y vive en la zona desde 2003, se refiere también al crecimiento comercial. Dice que parece mentira, pero la infraestructura, además de mejorar la fachada del barrio, “de forma indirecta nos reactivó”. Generó plazas de trabajo e impulsó a la gente a apostar por la innovación.

Magaly Triana, dueña de Súper Ahorro Market y la distribuidora Dispronac, por ejemplo, ofrece sus productos a domicilio. Los transporta en furgoneta a cualquier rincón de la ciudad. Frutas, verduras, carnes, mariscos empacados al vacío. Vende de todo, en especial a los deportistas y a los estudiantes de la Unidad Educativa Teniente Hugo Ortiz (Samanes 6).

Vive en Samborondón. Sin embargo, se desplazó a esta zona de la urbe porque se dio cuenta de que en el parque “el movimiento era bastante alto y la zona prácticamente residencial, tranquila. Mi clientela entonces estaba asegurada. Vi que aquí podríamos prosperar”.

Rubén Vélez, copropietario del negocio familiar Mega Bike, pensó de forma similar. Se aventuró a vender bicicletas. Desde montañeras hasta ‘bicis’ de ruta, desde la más básica a la más completa. Aprovechó la construcción del parque y en sí la ciclovía, y abrió un negocio bastante complejo, que vende incluso gafas, zapatos y todo tipo de insumos deportivos.

“La tranquilidad con la que aún se puede transitar por la avenida Isidro Ayora (una de las principales en el sector) facilita nuestras ventas”, manifiesta, al recalcar que no hay problemas de inseguridad.

Los residentes, puntualiza Mesa, transitan por las diversas etapas de Samanes desde las 06:00 y ‘desaparecen’ cerca de las 02:00. “Uno los ve con sus parejas, niños, mascotas... y no pasa nada. Nos sentimos seguros. No podemos decir que vivimos con recelo o angustia. El sector está bastante bien”.

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