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La nueva era de monopolios

Durante 200 años ha habido dos escuelas de pensamiento sobre qué es lo que determina la distribución de los ingresos y sobre cómo funciona la economía. Una se centra en los mercados competitivos (pensamientos de Adam Smith y los economistas liberales del siglo XIX). La otra, consciente de la forma cómo el tipo de liberalismo de Smith conduce a una rápida concentración de la riqueza y el ingreso, toma como punto de partida la tendencia sin restricciones que tienen los mercados para dirigirse hacia el monopolio. Es importante entender ambas escuelas debido a que nuestros puntos de vista sobre las políticas gubernamentales y las desigualdades existentes se moldean según cuál de las dos creemos que es la que mejor describe la realidad. Para los liberales del siglo XIX y sus acólitos de estos días, debido a que los mercados son competitivos, los rendimientos de las personas individuales se relacionan con sus contribuciones sociales- con su “producto marginal”. Los capitalistas son recompensados por ahorrar en lugar de consumir. La segunda escuela toma como punto de partida “el poder”, incluyendo la capacidad para ejercer control monopólico o, en el caso de los mercados de trabajo, para hacer valer la autoridad sobre los trabajadores. Los académicos en esta área se han centrado en lo que da lugar al poder, cómo se lo mantiene y cómo se lo fortalece, y otras características que pudiesen impedir que los mercados sean competitivos. Hoy, muchos sectores – telecomunicaciones, TV por cable, ramas digitales de los medios de comunicación social para la búsqueda en Internet, seguros de salud, productos farmacéuticos, agronegocios, y muchos más – no se pueden entender mirándolos a través de la competencia. En estos sectores la competencia que existe es oligopólica, no la “pura” que se describe en los libros de texto. Se puede definir entonces a unos pocos sectores como “tomadores de precios”; las empresas son tan pequeñas que no tienen ningún efecto sobre el precio de mercado. Asimismo, parte del aumento en el poder de mercado viene de cambios en la tecnología y la estructura económica y se debe a que las empresas han aprendido de mejor manera la forma cómo erigir y mantener barreras de ingreso, a menudo con el apoyo de fuerzas políticas conservadoras que justifican la laxa imposición de legislación antimonopólica y el fracaso en la imposición de limitaciones al poder de mercado basándose en el razonamiento que indica que los mercados son competitivos “naturalmente”. Otra parte del aumento refleja el abuso descarado y el apalancamiento de dicho poder de mercado a través de procesos políticos. Las consecuencias se pueden evidenciar mediante los datos que muestran un aumento de la desigualdad en todos los niveles, no solo a lo largo del espectro de las personas individuales, sino a lo largo y ancho de las empresas. Mi trabajo teórico -ya tiempo atrás- mostró que los mercados de hoy se caracterizan por la persistencia de elevadas ganancias monopolistas. Muchas de las suposiciones acerca de la economía de mercado se basan en la aceptación del modelo competitivo con rendimientos marginales conmensurados a las contribuciones sociales. Pero si los mercados se basan en la explotación, la lógica que justifica una actitud laissez-faire desaparece. En ese caso, la batalla contra el poder atrincherado es una batalla por la eficiencia y la prosperidad compartida.
Project Syndicate