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La noche en que Guayaquil quema millones de dolares

Esta costumbre arraigada genera situaciones que afectan tanto al medio ambiente como a la salud de las personas, e incluso de las mascotas.

Comercio. En las calles 25 y García Goyena hay monigotes cuyos precios fluctúan entre los 35 y 50 dólares.

Salió de Ambato a las 03:00 con destino a Guayaquil. El punto exacto que Andrés Vilemi visitaría en la Perla del Pacífico la mañana del jueves último era la calle 6 de Marzo. Acudió con su familia para adquirir los monigotes para despedir el ‘año viejo’. Ya en la tradicional calle escogió un Batman de más de dos metros de altura y un Depredador de similares características. Pagó por ellos $ 120, los embaló, los subió a su carro y se fue.

Consultado por si no le daba pesar gastar ese dinero en algo que luego quemaría, expresó que es una tradición y lo hace porque tiene un negocio de ropa en su ciudad.

“La gente se siente atraída, se toman fotos y así llegan más clientes”, comentó. Para el ambateño, la compra de los dos muñecos representaba una inversión, una tradición a la que le sacaba algo de provecho.

No es igual para Luis Soto, que compró un monigote del personaje Minnie Mouse en $ 40 y que escogió su hija de cinco años. Lo quemará esta noche por el puro placer de mantener la tradición de su familia.

Esta costumbre arraigada genera situaciones que afectan tanto al medio ambiente como a la salud de las personas, e incluso de las mascotas. “Hay afectaciones en el aparato respiratorio, auditivo, traumas oculares, mutilación de miembros por quema de explosivos”, indica Francisco Plaza, vocero de la Fundación Médica contra el Ruido, Ambiente Contaminante y Tabaquismo (Funcorat).

A ello se suma la afectación al medio ambiente con la liberación de gran cantidad de gases de efecto invernadero y materiales pesados.

Además, con la suma de todo el dinero que mueve la compra de los monigotes, puede asegurarse que los guayaquileños literalmente ‘queman’ su plata.

Un cálculo basado en los distintos precios en los que se ofertan los muñecos, desde los 5 hasta los 100 dólares, da como resultado un costo promedio de $ 52,50. Si eso se multiplica por la cantidad de muñecos que se queman cada 31 de diciembre, se podría decir que en la ciudad se incineran unos 105 millones de dólares en una noche (ver Los cálculos).

Eso es la mitad de lo que cuesta el hospital del IESS que se levanta en Los Ceibos ($ 200 millones), o podría pagar el costo del nuevo puente sobre el río Daule (casi $ 72 millones).

Esta es una cifra relativa, pues en este cálculo no se toma en cuenta lo que se gasta en los fuegos artificiales que se utilizan para hacer ‘explotar al viejo’. Ni los muñecos de mayor valor, como una pareja de Mickey y Minnie Mouse de la 6 de Marzo y Calicuchima, cuyo costo es de $ 800; o un dinosaurio del mismo lugar que está en venta a $ 400; o el Mazinger de la 6 de Marzo y Argentina, cuyo precio es de $ 900; o los muñecos gigantes del sur, cuya inversión puede llegar a ser hasta de 2.000 dólares.

Un cálculo que, visto desde lo individual, podría parecer como algo mínimo, pero que globalmente, tanto en dinero como en afectaciones, “pasa factura” a la ciudad, dice Francisco Plaza.