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La noche de la filosofia
A comienzos del año pasado el filósofo peruano Víctor Krebs dictó un curso de filosofía en la Universidad Particular Espíritu Santo, UEES. Profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Krebs es autor de varios libros como ‘La imaginación pornográfica’, que merece él solo una reseña, ensayos y conversatorios donde los filósofos se sientan y conversan con expertos y personas que expresan diferentes experiencias de cómo asumen su vida hoy, en Lima, en este caso.
El propósito de Krebs es que la filosofía “vuelva a la calle”, es decir, hable de los problemas contemporáneos, incluidas por supuesto sus patologías, para lo cual esta tiene que despojarse de la comodidad del diálogo especializado entre colegas y la seguridad que brinda utilizar lenguajes exclusivos de cada una de las corrientes filosóficas.
En los años setenta del siglo pasado los filósofos de la liberación latinoamericana, sobre todo argentinos, reclamaron a la filosofía haberse vuelto “académica”, es decir burocrática, alejada de las grandes luchas sociales que constituían el horizonte teórico de sus preocupaciones setenteras.
Fracasaron en las décadas siguientes porque su pensamiento fue perdiendo consistencia y se volvió autorreferencial. Quedó encerrado entre el homenaje siempre renovado a sus maestros y la incapacidad de dialogar con las nuevas corrientes de pensamiento. Quedaron atados a una cara de la época que quisieron fijar.
En Buenos Aires se celebró por segunda vez en el Centro Cultural Kirchner -pronto le cambiarán de nombre- ‘La noche de la filosofía’.
Fue la puesta en ejecución, en grande, de lo que Krebs plantea como “la vuelta a la calle” de la filosofía. Fue una maratón de charlas, debates, cine, música en vivo, teatro y por supuesto gastronomía, donde conocidos pensadores de Alemania, Francia y Argentina, como Marc Augé o Alejandro Katz hablaron de las identidades en el mundo de hoy, del cuerpo, privacidad y era digital, dialogaron con un público de todas las edades hasta las tres de la madrugada.
Como dice Krebs, “el retorno al ágora de la calle”.
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