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Cuando el trabajo es solo ser ninos

En Ecuador laboran 360.000 menores de 18 años. En el mundo son 218 millones. El programa Tren de los Sueños busca sacarlos de esa responsabilidad.

Cuando el trabajo es solo ser niños

El tamaño de las manos de Roony Javier junto a un charol delatan su edad, 11 años. A las tres de la tarde, meses atrás, gritaba: “¡Empanadas! ¡Empanadas!”.

Ahora está en el km 22 de la vía a Daule, en una empresa multinacional donde saborea un helado. Lo hace y revela que no siempre estuvo al otro lado de la paleta fría, relajado y jugueteando. Con cada mordisco al helado parece que derrite esos días en los que se afanaba para completar un dólar y comprar los ingredientes para merendar arroz con huevo.

Un estudio del INEC indica que los niños que trabajan destinan 40 horas al mes a esa tarea y en promedio reciben ingresos por 100 dólares.

Son cifras que toman forma de rostros, como la carita de Roony Javier. Él y otros 19 niños miran cómo las frutas, la leche y el chocolate se unen y crean el postre que da un festín a sus sentidos. Ellos son parte de los 482 menores ecuatorianos que están en el programa Tren de Sueños, en el que su único trabajo es ser niños.

Roony Javier, sin la tarea de encontrar clientes para las empanadas, va a la escuela. Está en la Filantrópica, aunque la matemática la aprendió en la práctica, pues desde los ocho años nunca se equivoca al dar el vuelto.

Ahora tiene tiempo para jugar pelota. Lo hace y sueña que es Antonio Valencia. Mientras conversa con la periodista dice: “Un día me entrevistarán como el mejor futbolista. Practico en la cancha de mi barrio con mis amigos, quienes también viven en la Flor de Bastión”.

Las palabras de Roony Javier animan a otros niños a contar sus planes de estudio. Una pequeña quiere ser abogada y otra doctora. Sus razones salen de la experiencia de andar de calle en calle recogiendo botellas.

La una quiere crear leyes para defender como es debido al grupo al que pertenece ahora, y la otra investigar la curación para más enfermedades.

Hay madurez, hay valores, hay ética, hay solidaridad.

Dos niñas lucen sandalias y ello impide que ingresen a la planta. Sin necesidad de solicitarlo, más de un par de zapatos deportivos saltaron de los pies, varios a la vez, con la intención de calzar a las compañeras de batalla. No hay apuro para ingresar, se dividen en dos grupos.

Mientras unos ven la elaboración de los helados, otros se ríen con un dibujo animado proyectado en pantalla gigante.

La Organización Internacional del Trabajo dice que en el mundo 218 millones de niños de entre 5 y 17 años están ocupados en la producción económica. En Ecuador, según la Encuesta de Trabajo Infantil, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 360.000 menores de 18 años trabajan.

José Manuel Velázquez, gerente de recursos humanos de Unilever para Ecuador, dice que el Tren de los Sueños es un proyecto tripartito en el que participan los ministerios de Trabajo, de Inclusión Económica y Social y una red de empresas (16 locales y un centenar en el país).

El plan busca concientizar a la población acerca de la importancia de que los niños estudien y de darles las oportunidades para triunfar como seres humanos y profesionales.

Se promueve que el sector privado no contrate a menores de edad. En el caso de Unilever, que opera en 190 países, auditan incluso a los proveedores, para que en sus procesos únicamente laboren personas mayores de edad.

El Gobierno sabe que en diciembre se incrementa el número de niños que salen a trabajar y por ello duplica el control, con la meta de subir a más niños al Tren de los Sueños.

Y precisamente por aquellos que todavía no están en el programa, Diario EXPRESO salió a conversar con algunos.

Sin necesidad de buscar mucho se presenta Pablito, de 13 años de edad, quien ofrece pasteles en la avenida del Bombero. Relata que su padre lo manda a trabajar. ¿La razón? Para que se aleje de los problemas.

La explicación sorprende, pues en la calle hay más peligros. La acción es real, el estudio del INEC sostiene que el 17,7 % de los menores de edad trabajan enviados por sus padres, para impedir que hagan malos amigos. Aunque la mayoría lo hace para ayudar al hogar: el 60,4 %.

La realidad es que los vagones del Tren de los Sueños todavía tienen miles de pasajeros por subir. En los mercados y en las esquinas se ve a muchos que han renunciado al trabajo de ser niños y van voceando sus productos, tapándole la boca a sus sueños.