Ney Barrionuevo Silva

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Ney Barrionuevo Silva

Era 1978, retorno de la dictadura militar y en el proceso preelectoral se desestima la candidatura de Assad Bucaram, precandidato por el CFP -Concentración de Fuerzas Populares-. Ante el difícil momento, Bucaram encuentra en su sobrino político y brillante orador, Jaime Roldós, al candidato que ganaría la primera vuelta electoral por un estrecho margen y que barrería las elecciones en la segunda vuelta, convirtiéndose en el presidente más joven y disruptivo que había tenido el Ecuador.

La historia recoge como sus más cercanos intelectuales desde la campaña política a Alejandro Román y a Ney Barrionuevo; a ellos se les atribuye haber construido el lema de La fuerza del cambio. Aunque entonces estuve alineada con su contendor, Sixto Durán Ballén, no puedo dejar de reconocer en los tres personajes un impecable desempeño ético de la política.

Por eso tener en mis manos hoy su libro recién lanzado de Política y Ética, dedicado de su puño y letra, en la realidad actual es realmente un deleite. Cien hojas de un recorrido histórico por la relación del poder y el comportamiento al ejercerlo, desde Aristóteles, hasta el día de hoy. Don Ney se refiere a sí mismo como un forajido, cercano a los 80 años, que sigue caminando en la senda de la resistencia y mirando el horizonte del cambio en libertad. ¿Qué ha cambiado desde que con su amigo Roldós acuñaron el lema de la Fuerza del Cambio? Nada en él, Ney Barrionuevo Silva sigue siendo el político ético y soñador que lucha día a día desde la trinchera que hoy le da la vida a través de su pluma, por un mejor país.

Algunas de sus frases: “La política más alta es la que busca la paz, y la ética más alta es la que garantiza la paz”; “La ética no es una palabra, es una conducta, alimentada por la educación y la comunicación al servicio de la humanidad”; “Lo que aspiro, es contribuir al desarrollo de la conciencia de que la política y la ética, son y deben ser los cimientos angulares de la sociedad y los faros más altos de la conducta humana”. Si mi lector sintió un remezón con estas frases, sí tenemos salida de esta debacle.