Un New Deal para salvar a Europa
“No me importa lo que cueste. ¡Recuperamos nuestro país!” Este mensaje orgulloso se escucha por toda Inglaterra desde el “brexit” y es una demanda que está resonando en todo el continente. Hasta hace poco, cualquier propuesta para “salvar” a Europa era vista con misericordia, aunque con escepticismo. Hoy, el escepticismo gira en torno a si vale la pena o no salvar a Europa. El repliegue de la idea europea está siendo impulsado por la fuerza combinada de una negación, una insurgencia y una falacia. La negación del “establishment” de la UE de que la arquitectura económica de la unión nunca estuvo pensada para sustentar la crisis bancaria de 2008 ha resultado en fuerzas deflacionarias que deslegitiman el proyecto europeo. La reacción ante la deflación ha sido la insurgencia de partidos antieuropeos en todo el continente. Y el “establishment” ha respondido con la falacia de que una “federación light” puede frenar la ola nacionalista. No puede. Tras la crisis del euro, los europeos se estremecen ante la idea de darle a la UE más poder sobre sus vidas y comunidades. Se convertiría en la Unión de la Austeridad permanente. No podría existir mejor regalo para la “Internacional Nacionalista” de hoy. La vida solo mejorará creando condiciones decentes en cada país europeo. Europa necesita un New Deal que incluya cinco objetivos y los medios para alcanzarlos bajo los tratados existentes de la UE, sin ninguna centralización del poder en Bruselas o una mayor pérdida de soberanía: una inversión verde de gran escala, financiada por una asociación entre bancos públicos de inversión y bancos centrales; un programa de garantía de empleo; un fondo antipobreza que se ocupe de las necesidades básicas en toda Europa, que también debería funcionar como cimiento de una eventual unión de beneficios; un dividendo básico universal para socializar un porcentaje mayor de los crecientes rendimientos del capital y una protección antidesalojo inmediata, representada en una regla de derecho a alquilar que permita a los propietarios que enfrenten una ejecución hipotecaria permanecer en sus hogares mediante el pago de una renta justa pautada por juntas comunitarias locales. A largo plazo, Europa debe financiar y garantizar una vivienda decente para todos los europeos en su país natal, restableciendo el modelo de vivienda social desmantelado en todo el continente. Los ingresos de señoreaje de los bancos centrales deberían ser utilizados para los programas de empleo y antipobreza. Además, se establecería en cada país un mecanismo electrónico de compensación pública para depósitos y pagos (fuera del sistema bancario). Las cuentas fiscales servirían para aceptar depósitos, recibir pagos y facilitar transferencias de banca online, aplicaciones de pago y tarjetas de débito emitidas por entidades públicas. Los saldos activos luego podrían ser prestados al fondo que respalde los programas de empleo y antipobreza, y estarían avalados por un esquema de seguro de depósitos europeos; los déficits estarían cubiertos por bonos de los bancos centrales, ofrecidos a tasas bajas por los gobiernos nacionales. Solo un New Deal europeo de estas características puede frenar la desintegración de la UE. Para “recuperar nuestro país”, tenemos que recuperar una decencia común y restablecer el sentido común en toda Europa.
Project Syndicate