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Diario Expreso Ecuador

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Nemesis: 1997-2006

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El punto de quiebre de la partidocracia ocurrió con la caída de Bucaram. Al tiempo que el ente político entraba en proceso de desvanecimiento institucional, la economía, que había tenido una época de florecimiento entre 1993 y 1994 empezó a deteriorarse por choques internos y externos que configuraron una tormenta perfecta: colapsó el precio del petróleo (por debajo de $5 por barril); irrumpió El Niño de 1997, que causó daños superiores a los $3.000 millones en la infraestructura, provocó la mancha blanca que destruyó la producción camaronera, y afectó la producción bananera. El sector financiero perdió tres cuartas partes de sus activos, luego de que muchos bancos incurrieran en prácticas inaceptables de apalancamiento financiero, al tiempo que el Banco Central optara por elevar las tasas de interés a niveles de usura para proteger el tipo de cambio.

¿Es esto neoliberalismo? La respuesta enfática es que, salvo los episodios aislados de 1984-1986, y 1993-1994, caracterizados por un mayor liberalismo económico, el Ecuador jamás ha conocido de cerca lo que es una economía de mercado. No se debe confundir el capitalismo con la alcahuetería del proteccionismo y la cartelización inducida desde los gobiernos. Poderes de toda estirpe han bailado al compás de la política inmediatista, dando siempre respuestas burocráticas consistentes en más regulaciones, represión financiera, controles de precios, prohibiciones de importar, y los consabidos paquetazos. La disfuncionalidad del régimen de partidos y la fragilidad de la economía quedaron ampliamente evidenciados durante el descenso al abismo en 1999.

Fue al gobierno de Alarcón al que le tocó sobrellevar el peso de la crisis. Mahuad heredó una economía en leve recuperación, pero su impavidez ante el problema de la banca le pasó una enorme cuenta a los ecuatorianos cuando el equipo económico confundió con una leve corrección de mercado lo que era un grave daño sistémico. La decisión sobre dolarizar fue a pesar de Mahuad, y este la tomó cuando la situación estaba perdida y el control político se le había ido de las manos. Se dio así el golpe de gracia al aparato productivo en un bizarro episodio de autodestrucción, cuyas heridas aún subsisten. A partir de 2001 el desastre quedó atrás pero el liderazgo quedó corto. La legislación de soporte a la dolarización le tocó a Gustavo Noboa proponerla, y la sucesión de Lucio Gutiérrez se distinguió por un apto manejo económico cotejado con ineptitud en lo político. La huida en helicóptero del presidente en forma apresurada, y su eventual refugio en la Embajada de Brasil, le mostraron al país la imagen de una presidencia hecha pedazos luego de los episodios de 1997, 2000 y 2004. La segunda sucesión vicepresidencial al poder le tocó a quien debería haber permanecido en su consultorio y no en Carondelet. Alfredo Palacio es el padre putativo de Rafael Correa, de la misma forma como Álvaro Noboa resultó ser su jefe de campaña.

Correa, la némesis del ordenamiento político imperante logró así su cometido. Pasemos ahora a evaluar el enorme costo que su experimento de ingeniería social y total ignorancia en materia económica les ha significado a los ecuatorianos.

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