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Negacion de los economistas

Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, dijo que el fracaso de los recientes modelos de previsión de la institución se debía a un “comportamiento irracional”. La incapacidad de detectar esta irracionalidad había llevado a los responsables de las políticas a pronosticar que la economía británica se desaceleraría luego del referendo por el “brexit”. Por el contrario, los consumidores británicos se han dedicado a una compra compulsiva e irresponsable. Para los economistas tradicionales hablar de comportamiento racional significa que la gente, equipada con un conocimiento detallado de sí misma, su entorno y el futuro que enfrenta, actúa óptimamente para alcanzar sus objetivos, o sea, de manera consistente con los modelos de comportamiento racional de los economistas. La mayoría de las personas son animales de costumbre. Sus preferencias y circunstancias en verdad no cambian de un día para el otro, e intentan conseguir la mejor ganga cuando van de compras; su comportamiento exhibirá un alto grado de regularidad. Eso lo torna predecible. Pero cualquier predicción basada en patrones de comportamiento recurrentes falla cuando sucede algo genuinamente nuevo. Un cambio fuera de rutina hace que el comportamiento se vuelva fuera de rutina, lo que no significa que sea irracional, sino que los parámetros han cambiado. La certeza de que mañana será más o menos como hoy se ha desvanecido. Nuestros modelos de riesgo cuantificable fallan cuando se enfrentan a una incertidumbre radical. Las cosas importantes que afectan a las economías se producen fuera de los propios límites de los modelos económicos. El desafío es desarrollar modelos macroeconómicos que puedan funcionar en condiciones tormentosas, que incorporen incertidumbre radical y un alto grado de imprevisibilidad en el comportamiento humano. En 1940, inmediatamente después de la caída de Francia a manos de los alemanes, el economista John Maynard Keynes escribió a un corresponsal: “A título personal, ahora me siento completamente confiado por primera vez de que ganaremos la guerra”. La economía de Keynes tenía que ver con la lógica de la elección en un estado de incertidumbre. Él quería extender la idea de la racionalidad económica para incluir el comportamiento frente a la incertidumbre radical, cuando enfrentamos desconocidos inescrutables. Los economistas Roman Frydman de la Universidad de Nueva York y Michael Goldberg de la Universidad de New Hampshire sostenían que los modelos de los economistas deberían intentar “incorporar factores psicológicos sin suponer que los participantes del mercado se comportan irracionalmente”. A través de modelos económicos que ellos llaman “economía del conocimiento imperfecto”, instan a sus colegas a abstenerse de ofrecer “predicciones agudas” y a apoyarse en “rangos de guía”, basados en parámetros históricos, para contrarrestar oscilaciones “excesivas” de los precios de los activos. Los esfuerzos por incorporar incertidumbre radical en los modelos económicos, por más valerosos que sean, son víctimas del sueño imposible de domesticar la ambigüedad con matemática y con ciencia informática. Keynes quería una economía que diera libertad total de criterio, enriquecida por las matemáticas, estadísticas, ética, filosofía, política e historia -temas ausentes en la formación de los economistas contemporáneos-, para poder ofrecer descripciones sensatas del mundo.
Project Syndicate