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La necesidad de la utopia
En el siglo XVI, el teólogo, pensador, político, escritor y humanista inglés Tomás Moro, desde una crítica a la sociedad inglesa de su época, describió, en un ya famoso libro, una sociedad pacífica, igualitaria e ideal, ubicada en una isla en medio del océano. La denominó Utopía, el lugar que no existe.
Pero la utopía, desde una crítica a la sociedad que se vive, también alude a la necesidad de soñar con un mundo mejor, sin guerras y más igualitario, donde los intereses colectivos estén sobre los individuales.
El lugar central de la utopía es la ciudad. Es en la ciudad, en tanto elemento articulador de la sociedad, donde se plasma el discurso crítico frente a la realidad, el lugar donde se imagina y se concreta el cambio social, los sueños de libertad, de justicia y de convivencia equitativa. El lugar de lo ideal, para vivir mejor, donde se alude a los proyectos de futuro.
La utopía también hace referencia a la necesidad de ver y entender la ciudad de una manera diferente, de diseñar entornos con características urbanísticas y arquitectónicas que contrasten el pasado con el futuro. A la necesidad de pensar en ciudades modernas, participativas, igualitarias, amables, transparentes, respetuosas, seguras, productivas, competitivas e incluyentes. En ciudades donde se hayan superado los problemas de abastecimiento de servicios, de movilidad y transporte, que sean pensadas para el peatón, donde se respete y proteja a su pasado y su identidad, con suficientes áreas verdes y lugares de esparcimiento físico y cultural. Donde sus autoridades respondan y consulten a sus mandantes. Donde el habitante se convierta en referente y activo participante de las decisiones sobre lo urbano y sobre su hábitat. ¿Utopías? Sí, pero posibles.
La utopía nos ayudará a entender que los problemas de la ciudad también se pueden resolver desde lo soñado. El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo dijo claramente: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar”.
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