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Nace una leyenda
Me encantan la historia y la geografía, de hecho eran las únicas materias que me permitían sacar 10 en el colegio de la Asunción. Estas clases enamoraron siempre mi imaginación. De allí se extraen dos leyendas cuyas enseñanzas se aplican a la coyuntura: la una, la del rey espartano Leónidas, el 480 a. C., el cual resistió a 250.000 persas en el paso de las Termópilas, con solo 300 hombres por tres días. El rey espartano sabía que se trataba de un suicidio y aun así fue, consciente de que daría su vida por los principios. Leónidas fue glorificado por la historia, por su lucha por la libertad y su amor por su patria. Desde su sacrificio y el de sus trescientos hombres, la historia los recuerda como los impulsadores de las ideas de libertad de los espartanos.
La otra leyenda es bíblica, la de David y Goliat; eran los filisteos contra Israel. David se enfrenta al gigante de tres metros respondiendo al llamado de: “Escojan a alguien que pelee conmigo, si él gana y me mata, nosotros seremos esclavos suyos, pero si yo gano y lo mato, ustedes serán esclavos nuestros; los reto a escoger a alguien para esto”. El niño David recoge cinco piedras lisas y las mete en su bolso, con su honda pelea contra el gigante, la piedra va directo a la cabeza de Goliat, quien cae muerto. Al ver a su campeón caído, los filisteos huyen y los israelitas ganan la batalla. David es el sinónimo de valor sin medida.
Dos leyendas, dos resultados diferentes. Leónidas sucumbe en la defensa de Esparta, David, libera a Israel y se convierte en su rey; ambos inmensos personajes. El candidato de la oposición está por convertirse en una nueva leyenda. Su lucha contra todo el aparato político del Gobierno, con un presidente liderando una campaña, con recursos ilimitados de nuestros impuestos, con los “call centers” del IESS y otras instituciones como propagandistas, con 40.000 burócratas y sus recursos en los puerta a puerta, con la manipulación ideológica del odio de clases, con todo ello, según el CNE son menos de 200.000 los votos que lo separan de ser nuestro nuevo Leónidas, o nuestro nuevo David. ¿Alcanzaremos o no la libertad? Quizás en nuestra próxima columna podremos saberlo, mientras tanto, mi país ya construye su nueva leyenda.
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