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Un museo que es parte de la historia
Erigido hace más de un siglo, el segundo palacio municipal de Zaruma deslumbra a los viajeros, no solo por su resistencia al tiempo, sino por los objetos históricos que atesora. Desde hace varios años en este lugar funciona el museo de la ciudad.

Erigido hace más de un siglo, el segundo palacio municipal de Zaruma deslumbra a los viajeros, no solo por su resistencia al tiempo, sino por los objetos históricos que atesora. Desde hace varios años en este lugar funciona el museo de la ciudad.
La exhibición permanente está integrada por más de 800 objetos inventariados, de distinta índole. Fernando Pineda, guía del lugar, explica que ahí se pueden encontrar desde artefactos de uso cotidiano hasta actas de proclamación.
En las vitrinas, junto a las escaleras de ingreso, se aprecian varios objetos de piedra de origen cañari y de influencia incaica. “Los incas estuvieron en esta región, entre 450 hasta 1535... ambas culturas trabajaron el oro y lo emplearon en sus rituales, prendas de vestir y ofrendas”, explica.
No fue sino hasta 1536, según datos del Archivo de Indias, que los españoles llegaron hasta el lugar, atraídos por el metal precioso, que sería extraído con fines comerciales.
Espuelas, chocolateras, libros y otros objetos usados por los colonos durante aquel periodo, relatan el estilo de vida que llevaban en el lugar.
Trescientos años después, la creciente población zarumeña empezó a recibir visitantes ingleses, franceses y norteamericanos. De este lapso se guardan vitrolas, pianos, máquinas de coser y hasta las primeras cámaras fotográficas que fueron comercializadas.
Un extintor de incendios de más de un metro de altura y con enormes ruedas a los costados llama la atención. Las instrucciones están escritas en inglés y su metal luce rayaduras por su uso.
Decenas de fotografías de fines del siglo XVIII tapizan las paredes de lo que fue el Salón Máximo de Sesiones. En estas fotos se puede apreciar el estilo europeo predominante en las vestimentas de los primeros zarumeños, en su mayoría, colonos y sus parientes.
A mediados de 1930, los primeros vehículos llegan al poblado. Así lo rememoran las piezas mecánicas exhibidas. “Los autos llegaban al país completamente desarmados y los técnicos de aquí se encargaban de volver a armarlos”, explica Pineda.
Cada rincón en el salón está arropado por pedazo de historia zarumeña, una historia que va más allá de la ambición por el oro y que se origina en la búsqueda de una convivencia entre lo rústico y lo moderno. (F)