Murio apunalado de camino al hospital

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Murio apunalado de camino al hospital

El tráfico vehicular estuvo restringido por la investigación. El paso a la calle De los Nardos fue cerrado hasta el levantamiento del cadáver.

Investigación. Los peritos de Medicina Legal inspeccionan la escena del crimen y recogen evidencias.

La lluvia no mermó la curiosidad de la gente que se arremolinó ayer en la calle De los Nardos, en el Comité del Pueblo, norte de Quito. Querían saber qué sucedió dentro de un taxi estacionado frente a la Dirección Nacional de Policía Especializada en Niños (Dinapen), revisado por los agentes de Criminalística.

Una cinta amarilla impedía el paso de vehículos y de personas, porque los investigadores recababan indicios de un asesinato. Sucedió a las 07:00, cuando un hombre y unos amigos, al parecer, libaban.

Tras un incidente, Camilo Arteaga Agudelo, de 26 años, recibió alrededor de siete puñaladas, que lo dejaron tendido en la avenida Jorge Garcés. “Cuando pasamos en el bus vimos al señor que estaba recostado, pero no sabíamos que se encontraba herido”, comentó un testigo, quien por temor evitó dar su nombre.

La víctima, de nacionalidad colombiana, estaba acompañada por otras dos personas. Una de ellas hizo que se detuviera un taxi amarillo, conducido por Byron López. Subieron a Arteaga y le pidieron que los trasladara a un hospital.

El recorrido fue de aproximadamente cinco minutos, hasta llegar a las afueras del cuartel de la Dinapen. Allí, el conductor se detuvo porque el pasajero ya había muerto. “No puedo hablar mucho, porque me siento sorprendido”, comentó López, luego de que los investigadores revisaran su vehículo.

El chofer vio que su pasajero tenía una gran herida en su pecho, pero no se percató de las otras lesiones. En el trayecto, Arteaga no decía nada porque “estaba agonizando”, recordó López. Luego de segundos, falleció. Los integrantes de Medicina Legal lo subieron a la ambulancia para trasladarlo a la morgue. Ya en el anfiteatro, ningún pariente se hizo presente hasta el mediodía.

López, en cambio, pidió ayuda a un compañero para encender su taxi. El vehículo quedó varado, sin energía, por lo que fue necesario conducir la corriente desde otro automotor para que así el taxista continuara con su rutina dominical. MAG