La contaminación lumínica amenaza observación del universo desde el desierto chileno
Una megaobra en ciernes de 10.000 millones de dólares -a cargo de la compañía chilena AES Andes- preocupa al mundo científico

Vista de la plataforma del Very Large Telescope (VLT), con sus cuatro telescopios ópticos y cuatro telescopios auxiliares móviles, en el Observatorio Paranal del Observatorio Europeo Austral (ESO).
Cae la noche en el desierto chileno de Atacama, y cuatro potentes telescopios comienzan a escrutar los cielos más oscuros y estrellados del mundo desde Paranal, un observatorio amenazado por la potencial contaminación lumínica de un megaproyecto energético.
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Ubicado en el norte del país, desde Paranal, como en "ningún otro lugar del mundo, se ve con tanta claridad la Vía Láctea", dice a la AFP Itziar de Gregorio, astrónoma española de 48 años del Observatorio Europeo Austral (ESO). "Son los cielos más prístinos, los más oscuros, los de mejor calidad".
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A unos cuantos kilómetros de este "santuario astronómico mundial", se planea construir una enorme planta de energías limpias, en el marco del ambicioso programa de Chile para sustituir las de origen fósil hasta el 2050.
A los científicos les preocupa, no obstante, la contaminación lumínica de la obra: el exceso de luz artificial, al interferir con la oscuridad natural, causa un brillo que limita la visibilidad, por ejemplo, de eclipses o lluvias de meteoros, advierten.
Este fenómeno -vinculado al aumento del alumbrado público y anuncios luminosos- también afecta los ciclos de sueño en humanos y desorienta a aves migratorias. Aun así pasa inadvertido.
"Si ves un grifo de agua abierto, sientes que se está perdiendo agua, pero si ves un lugar muy iluminado toda la noche, no piensas que hay contaminación", explica Daniela González, de la Fundación Cielos de Chile, una ONG dedicada al tema.

La plataforma del Very Large Telescope (VLT), con sus cuatro telescopios ópticos y cuatro telescopios auxiliares móviles, en la Región de Antofagasta.
UNA VENTANA SIN PAR
Con la puesta de sol, comienza el trajín más intenso en Paranal. En el día, astrónomos e ingenieros, procesan datos, y en la noche, sondean el infinito.
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Alejado a más de 100 km de Antofagasta, la ciudad más próxima, este centro científico apenas se ha visto expuesto a la contaminación lumínica.
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Sin embargo, la megaobra en ciernes de 10.000 millones de dólares -a cargo de la compañía chilena AES Andes- preocupa al mundo científico.
La futura planta de hidrógeno y amoniaco verde, que se levantará en unas 3.000 hectáreas, podría cerrar la "ventana que tenemos al universo" desde Chile, enfatiza De Gregorio.
En una reciente carta pública, un grupo de 40 astrónomos, científicos de otras áreas y hasta poetas expresaron la misma preocupación.
Sin embargo, AES, en un corto mensaje a la prensa, asegura que su proyecto incorpora "los más altos estándares en materia lumínica" y que el mismo se ciñe a la directriz sobre la materia que expidió el gobierno en octubre, y que busca resguardar los principales puntos de observación.
Actualmente bajo evaluación ambiental, la planta funcionaría con energía eólica y fotovoltaica, según la empresa. Conforme la normativa vigente, el proceso para obtener la licencia de operaciones tardaría de aquí a dos o tres años.

Los técnicos caminan sobre la plataforma del Very Large Telescope (VLT), con sus cuatro telescopios ópticos y cuatro telescopios auxiliares móviles, en el Observatorio Paranal.
UN INSTRUMENTO COLOSAL
Paranal y AES disienten respecto a la ubicación del proyecto. Para el primero, estará a no más de 11 km del observatorio, mientras la compañía energética la sitúa entre 20 y 30 km.
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Sin oponerse a su construcción, los científicos plantean la creación de una zona de "exclusión lumínica", que supondría que la obra se construyera a una mayor distancia del observatorio.
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Paranal, con sus potentes aparatos, es un punto privilegiado para la observación astronómica, ya que está situado en Atacama, el desierto más árido del mundo donde la humedad es baja y, por la tanto, la nubosidad es escasa. Afuera, el viento corre con fuerza, pero apenas enfría el entorno desértico.
Desde aquí "estamos investigando prácticamente cualquier fenómeno en el espacio", como planetas y cometas cerca de la Tierra, agujeros negros o vida afuera del sistema solar, se emociona Steffen Mieske, jefe de operaciones científicas de Paranal.
A 24 km, en cerro Armazones, avanza la construcción del Telescopio Extremadamente Grande (ELT), el instrumento óptico más grande del mundo, de 39 metros de diámetro que empezará a funcionar en 2028.
Los científicos también creen que el megaproyecto energético pueda interferir en su operación.
Si llegara a aumentar la contaminación lumínica, podría retrasarte "la respuesta que tanto anhelamos (...) de si estamos o no solos en el universo", alerta la astrónoma De Gregorio.
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