Las mujeres indigenas se apasionan por el futbol

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Las mujeres indigenas se apasionan por el futbol

Canchas de tierra con grandes arcos de caña constituyen el escenario donde las mujeres indígenas demuestran su pasión por el fútbol.

En Arajuno, las mujeres son las que juegan fútbol todos los domingos y los hombres son el sostén de sus actividades deportivas. No solo las ayudan en los precalentamientos y a entrenar, sino que cuidan la casa y a los hijos mientras ellas juegan en la can

Canchas de tierra con grandes arcos de caña constituyen el escenario donde las mujeres indígenas demuestran su pasión por el fútbol.

Antes del partido viven un verdadero ritual de preparación. Lo primero es arreglarse la larga cabellera en trenzas o colas de caballo para que no les cubra la cara mientras corren. También utilizan tobilleras y pupos para protegerse los pies.

Saltan a la cancha con el pitazo del árbitro para practicar el deporte rey de las mujeres indígenas de la Amazonía, que organizan hasta dos campeonatos en el año.

En Arajuno, cantón de Pastaza donde habitan las etnias Kichwas, Shuar y Woaranis, las mujeres juegan hasta sin zapatos. “Solo jugamos los domingos. Cuando no estamos en campeonatos practicamos con las amigas”, indica Rita Landi, quien forma parte de la directiva de la Federación Deportiva de Arajuno.

Cuando juegan, las mujeres indígenas amazónicas dejan todas las tareas de la casa en manos de los maridos.

Marilú Andy tiene 47 años y asegura que le gusta jugar desde que tenía 15 años. Es madre de dos hijos a los que les incentiva el amor por el deporte.

En los campeonatos cantonales se arman hasta 18 equipos, cuyos nombres están relacionados con la naturaleza o hacen referencia a los barrios. Marilú pertenece al Club Huracán y asegura que ellas también se hacen sentir como la manifestación de la naturaleza.

Otra de las mujeres es Margarita Tapuy, de 25 años, de la nacionalidad Kiwcha. Asegura que los hombres las apoyan e incluso los maridos y los parientes van a las canchas para hacerles barra cada vez que juegan.

Margarita es arquera y entre risas menciona que por sus manos no pasa nada. “Estas actividades deportivas nos permiten unirnos más con otras nacionalidades y, en especial, incentivar el deporte”, dice.