El Morro evoca su historia plasmada en viejos libros

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El Morro evoca su historia plasmada en viejos libros

Cumple 162 años de ser parroquia, su fundación data de 1737. El poblado pasó una época de decadencia por la sequía.

Basílica. El templo de San Jacinto de El Morro, tiene más de doscientos año; fue restaurado en el año 2010. A este lugar acuden los guayaquileños a casarse.

El 9 de noviembre, El Morro, la tierra de Agustín Cacau, Bernabé Guzmán y Victoriano Jordán, cumple 162 años de ser parroquia, pese a que los mencionados indios oriundos de Chanduy la fundaron en el año de 1737, luego de una solicitud que hicieran al rey de España. Cuando ya existía una capilla de 80 años, que después se convirtiera en la actual iglesia de San Jacinto de El Morro.

En el año 1835 El Morro fue pasado a cantón, mediante una ley de división territorial. Estas y otras historias que conforman la vida de El Morro, están plasmadas en viejos libros como los de Pablo Lee, pero también en la memoria de sus habitantes que se las han venido contando de generación en generación y en algunos objetos que aún conservan.

El aniversario es propicio para los recuerdos de los orígenes de esta población, dice Walter Vega, descendiente de una de las primeras familias que llegó a El Morro oriundos de Cuenca, en su época de oro , cuando el ganado, la agricultura y el comercio de paja toquilla, la leche y hasta la madera movían el comercio.

Atraído por ese ‘boom’ comercial llegó Francisco Vega Castro, desde entonces 8 generaciones de los Vegas han pasado. Los Mite, Lindaos y Yaguales ya habitaban la población de unas 300 casas de madera de guayacán de grandes ventanales y balcones.

El 9 de noviembre se hará una exposición, fecha en que El Morro cumple 162 años de parroquialización y 280 años de historias y leyendas.

De esas casas de entonces solo existe la de Bonifacio Consuegra, donde se hace el pan en horno de leña, tradición que continuaron; Francisco Lázaro su fundador, Bonifacio Consuegra y Wilper Consuegra. Ahora la modernidad está llegando a la población con calles asfaltadas y casas de hormigón.

La iglesia de San Jacinto de El Morro, que según la historia habría sido construida en 1720 y restaurada en el 2010, es testigo de los sucesos históricos, también lo es el Cerro del Muerto, la represa y los pozos revestidos de guasango que aún existen en las faldas del cerro y que mantienen sus aguas cristalinas a gran profundidad. Estos monumentos naturales no los borrará el tiempo.

Nadie sabe quién los hizo, indica Felipe Martínez, un guayaquileño que se enamoró de una morreña dedicada a la cría de caballos de paso, se casó y se quedó; en sus ratos libres pasea a su nieta en caballo; otra tradición que perdura, son las cabalgatas por los senderos y carreras hípicas locales en tiempos de fiestas. Con caballos criollos y de paso, donde se aprende a cabalgar desde los 2 años.

La memoria es frágil y muere, por eso, la historia, cultura y tradición de El Morro además de los archivos, está recogida en 5 folletos contada por los abuelos como Regina Tircio, Abdón Sánchez, Rigoberto Vega, Fausto Bohórquez entre otros, “que es un retrato hablado de la época de los abuelos que son los guardianes de la historia”, dice Lorgia Vega, coordinadora de los actos culturales del pueblo.

Una población centenaria no puede estar exenta de leyendas y mitos “que han sido transmitidos de generación en generación, con hechos relevantes o situaciones imaginarias que son parte de la cultura y costumbres”, dice Lorgia Vega, entre los que están ‘La maldición del cura’, ‘La viuda del tamarindo’ y ‘La luz mala’, entre otros.

El Morro está de fiesta y revientan los cohetes; los recuerdos se avivan en la memoria de antiguos pobladores como Aurelio Lino de 95 años y su esposa Carmen Escalante de 88.

Patricia Lino, secretaria de la tenencia política, quien lleva 30 años ininterrumpidos como funcionaria, recuerda aquellos tiempos en que las tenencias políticas tenían poder, juzgaban, hacían levantamientos de cadáveres, casaban y hasta metían preso a los enamorados de las chicas que no eran del agrado de los padres, recuerda esta mujer morreña que hasta hace poco hacía sus informes en una antigua máquina de escribir.

Museo

Rescatar la memoria y hasta tocar aquellos objetos del añejo Morro, es el objetivo de un improvisado museo que está en la biblioteca municipal para exhibir piezas como barriles y tinas de guasango, linternas a kerosene, planchas a carbón, monedas, cofres, fotografías desde los años 1800 hasta 1914.

Gastronomía

Para recordar la gastronomía de antaño, se realizó el pasado domingo un festival donde se preparó el tradicional seco de chivo, la natilla, la mantequilla morreña, el queso de tres leches y el típico pan en horno de leña en la panadería San Francisco, de la familia Consuegra, que es un lugar muy concurrido del sector.

Abandono

Llegaron los tiempos malos; las pestes, los inviernos secos que provocaron prolongadas sequías. Los ganaderos trasladaron sus reses a Chongón, Cerecita e incluso al Guasmo en Guayaquil. La gente emigró a Guayaquil, en la actual calle Rumichaca. Por la decadencia, en 1855 El Morro dejó de ser cantón.