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Milagro tiene un desfase en las obras de saneamiento
La obra pública de alcantarillado y tratamiento de aguas residuales es tarea pendiente en algunos cantones de la provincia del Guayas.

En el oeste de la cabecera cantonal, sobre un terreno desprotegido y cubierto con espesa vegetación, se encuentra el área de tratamiento de las aguas residuales domésticas que elimina la población de Milagro. Muy cerca de ahí y separadas por un estrecho estero tienen sus casas unas 600 familias que son parte de la cooperativa Margaritas 2, uno de los treinta asentamientos no legalizados de la ciudad.
Las viviendas carecen de servicio de agua potable y alcantarillado. El sector, con calles de tierra, “está considerado como una zona de alto riesgo, porque es inundable”, testimonia Cecilia González, quien dice tener una década viviendo allí.
El temor a una inundación y que las aguas de las lagunas de oxidación se rebosen es una preocupación generalizada entre los moradores de Margaritas 2, San José, Nueva Unida Norte, Nueva Unida Sur y otros sectores urbanos circundantes a las piscinas de tratamiento, que recorrió un equipo de EXPRESO, que ha publicado una serie sobre la situación en Guayas y en Guayaquil.
Esa infraestructura no recoge la totalidad de las aguas negras que se elimina en Milagro. El cantón tiene a medias la construcción de la red sanitaria. La cabecera cantonal tiene avanzado el alcantarillado en un 73 % de una segunda de cuatro etapas. Las parroquias rurales carecen de ese servicio básico.
Con una red sanitaria construida hace más de 50 años, la nueva obra inició durante la gestión municipal de Francisco Asán (representante del Prian en esa época) y luego retomada por Denisse Robles (Alianza PAIS).
A 50 kilómetros de Milagro, en el cantón Samborondón, se han reducido las desigualdades entre las zonas urbanas y las rurales en la cobertura del alcantarillado y otros servicios básicos. Hace ocho años, el 42 % de las viviendas descargaba las aguas negras a la red pública de drenaje.
El Municipio samborondeño, bajo la administración del socialcristiano José Yúnez desde 1996, atiende la cabecera cantonal y sus parroquias rurales, y tiene concesionada la operación sanitaria en la parroquia satélite La Puntilla, donde sus urbanizaciones han diseñado su propio sistema sanitario. Casi el 80 % de los ingresos tributarios que se generan en el cantón proviene de esta zona, lo que ha servido para financiar la obra pública en la jurisdicción.
Resta revertir la situación que el censo del INEC de 2010 revelaba para el sector rural del cantón, donde se encuentra la tercera parte de la población. Allí, el 58 % de la población no contaba con una infraestructura pública para eliminar las aguas servidas.
Parroquias rurales desatendidas
Más de 47.000 habitantes de la zona urbana de Milagro son atendidos por el servicio de alcantarillado sanitario, de acuerdo con cifras que el Municipio de ese cantón entregó a EXPRESO. Las aguas residuales depuradas tiene como sitio de descarga la confluencia de los esteros Los Monos y el Belín. El Cabildo sostiene que en las lagunas de oxidación se realiza mensualmente un análisis de las aguas tratadas.
El resto del cantón, que incluye a las parroquias rurales Chobo, Mariscal Sucre y Roberto Astudillo, no están cubiertos por la canalización.
En esta última población, la antigua red está colapsada. “Las viviendas tienen pozos sépticos y se da una tremenda contaminación porque se da la mezcla con el agua para consumo que se extrae de perforaciones cercanas a las casas”, revela la funcionaria a este Diario.
63 sistemas en La Puntilla
La cabecera cantonal, la parroquia Tarifa y el recinto Boca de Caña disponen de sus plantas de tratamiento, que son operadas por la empresa municipal de Agua Potable y Alcantarillado. Personal de ese ente se encarga del mantenimiento de esas estructuras, que son cerradas.
En la parroquia La Puntilla, la responsabilidad es de la concesionaria Amagua. Hoy, 63 plantas de tratamiento funcionan en las urbanizaciones de ese sector, para servir a una población de 80.000 personas, de acuerdo con cifras que entrega Miguel Alvarado, subgerente técnico de la concesionaria.
La zona produce unos 14.000 metros cúbicos de aguas residuales que son tratadas antes de que se descarguen al río.