Visita. La llegada del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, fue clave para relanzar relaciones con ese país. El presidente Lenín Moreno lo recibió en el Palacio de Carondelet.

La metamorfosis externa inicio en lo economico

Destino. El Gobierno planea que el edificio donde ha funcionado Unasur por casi 4 años sea entregado para la Universidad de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas de Ecuador.

Empezó con lo económico y camina hacia lo político. En catorce meses el Gobierno del presidente Lenín Moreno ha buscado distanciarse de las políticas que manejó su antecesor. La cara del Ecuador hacia el mundo no ha sido la excepción, al punto que el país se ha acercado a organismos y naciones que hasta hace poco eran ‘demonizadas’ y se ha alejado de los aliados más radicales de la última década.

Los primeros signos del viraje se manifestaron en lo económico, una vez que el Ejecutivo encontró que no había la “mesa servida” y que, por el contrario, la situación económica del país atravesaba un momento crítico. A eso se sumó el endeudamiento agresivo al que fue sometido el Ecuador, en condiciones poco favorables. Entonces, las autoridades empezaron a buscar por fuera otras alternativas.

En noviembre pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) regresó al país tras una década de tensiones. Aunque el Gobierno de Moreno insiste, desde entonces, que no busca financiamiento del organismo multilateral, por ahora, el acercamiento busca dar tranquilidad a los mercados internacionales y especialmente a otras fuentes de financiamiento.

En otra acción, dentro de este cambio de actitud, Ecuador también decidió acatar la resolución de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y dejó insubsistente la Tasa de Servicio de Control Aduanero (TSCA) que fue impugnada por Colombia y Perú, pero además generaba inquietud en la Unión Europea y Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, que consideraban que se trataba más bien de un gravamen y no el cobro de un servicio.

En este giro ha jugado papel importante el ministro de Comercio Exterior, Pablo Campana, que ha buscado acercar nuevamente a los socios naturales de Ecuador en materia comercial. Una de las metas es que el país pueda ingresar, por ejemplo, a la Alianza del Pacífico, que está conformada por México, Colombia, Chile y Perú. El primer paso es que el país asista como invitado a la reunión que mantendrá este bloque a finales de este mes.

El anterior gobierno había calificado como una acción poco menos que “suicida” incorporarse a un grupo como este al que además consideraba un “mecanismo de libre comercio”, figura que siempre fue criticada por los dirigentes bolivarianos. Ahí también pesaron temas ideológicos, porque según el entonces presidente Rafael Correa, “nosotros en visión de política económica somos más cercanos al Mercado Común del Sur (Mercosur)”, dijo en 2014.

En lo político hay dos momentos que pueden ser considerados de inflexión. La llegada de José Valencia a la Cancillería y la visita del vicepresidente de los Estados Unidos, Michael Pence a Quito a finales del mes pasado. “En esta nueva etapa”, que es como llama el presidente Moreno a la incursión de Valencia en Relaciones Exteriores, Ecuador emitió un comunicado condenando la violencia en la Nicaragua gobernada por Daniel Ortega y exhortando al mandatario que aplique de inmediato las recomendaciones de la Comisión Interamericana de derechos Humanos (CIDH).

También envió una nota de protesta a las autoridades de Colombia por la forma en la que se venía manejando la información relativa a los tres trabajadores de diario El Comercio que fueron secuestrados y asesinados por grupos narcodelictivos en la zona de frontera. El efecto de la queja se vio reflejada en el trato que dieron los funcionarios colombianos mientras duraron las pruebas forenses para identificar los cuerpos de Katty Velasco y Óscar Villacís.

Pence llegó al Ecuador con el objetivo de lograr una postura más radical de los países que son sus aliados en la región en contra del Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, por la crisis social y económica en la que viven los ciudadanos de ese país. Si bien, Moreno mantuvo su postura de no injerencia en los temas de otras naciones, algunos signos denotan que Ecuador tampoco está dispuesto a que los bolivarianos se entrometan en las decisiones de las instituciones ecuatorianas.

A mediados de esta semana, Ecuador envió notas de protestas a La Paz y Caracas; llamó a consultas al embajador en Bolivia, Franklin Columba; y suspendió el viaje de Fabián Solano, quien fue designado como embajador de Venezuela. Esto, luego de que los presidentes Evo Morales y Nicolás Maduro, en apoyo a Correa, quien es investigado y pesa sobre él una orden de prisión preventiva por un secuestro, pusieron en tela de juicio la independencia de la justicia ecuatoriana.

A eso, se sumó el anuncio del presidente Moreno de que pedirá que se revierta la donación que hizo Ecuador del edificio en el que funciona la Unasur, en la Mitad del Mundo. Esto también significa un ‘golpe’ para el bloque de los países bolivarianos que son los principales impulsores de este proyecto de integración, al igual que la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que también fue cuestionada por el mandatario que considera que ambas instancias no están funcionando.

Antiguas relaciones “con poco beneficio”

Una década de relacionarse con países que “en la práctica poco beneficio le han prestado al Ecuador”. Ese es el diagnóstico que tiene el Gobierno y con el que justifica, en parte, el retorno a los aliados históricos. Desde que la Cancillería pasó a manos de funcionarios de la autodenominada revolución ciudadana, en 2007, se empezó a entablar acercamientos con naciones con las que tenía pocas coincidencias comerciales, políticas o culturales.

Esas relaciones incluyeron a Bielorrusia, ubicada en Europa Oriental, cuyo Gobierno tiene serios cuestionamientos de la comunidad internacional por la falta de observación y aplicación de los derechos humanos. En 2012, su presidente Alexander Lukashenko, que gobierna desde hace 24 años, visitó Ecuador. Con Bielorrusia hay acuerdos en diversas áreas como seguridad.

Ese mismo año, el país recibió la visita de Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, nación que suma varias sanciones de Occidente por su programa nuclear.