La mesa puesta

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La mesa puesta

Uno de los argumentos repetidos hasta el cansancio por el expresidente Correa y sus voceros económicos y políticos fue el de que, en materia de deuda pública, el país tenía mucho espacio para endeudarse pues se hallaba entre los más poco endeudados de América Latina.

Mas, el tema de la deuda no debe ser enfocado exclusivamente desde el punto de vista del nivel de endeudamiento. La política de crédito público, que en el pasado inmediato tenía una serie de instancias de procesos e instituciones involucradas, dejó de existir en la apoteosis del gasto público, autoengaño que hoy constituye el mayor riesgo que enfrenta el Gobierno para cumplir su gestión.

Todo endeudamiento debe guiarse por los principios de (a) los términos y condiciones de los recursos, incluyendo los costos financieros y los perfiles del servicio de las obligaciones, (b) el buen uso de los recursos captados, para financiar proyectos de alto rendimiento económico y social, (c) la capacidad de pago, y (d) el manejo apto de la relación con los acreedores.

Hoy vemos cómo empiezan a emerger las consecuencias de las cuentas alegres. Durante el primer semestre del año, según lo informa el Ministerio de Finanzas, el servicio y la amortización de la deuda pública demandaron erogaciones por $3.272 millones. Este valor es equivalente a la suma gastada en educación y salud en conjunto. Bienestar Social apenas merece una sexta parte de ese gasto.

Es lo que el presidente tiene en mente cuando se refiere a la situación de la economía. El actual gobierno prefiere priorizar el área social, reflejando la promesa de campaña del mandatario, quien prometió entregar una cifra superior a las 300.000 casas durante su período. Para guardar relación con la promesa, si fuese a entregar 50.000 casas, a razón de $10.000 por unidad, deberá contar con $500 millones. La pregunta es entonces: ¿de dónde saldrán los fondos, con un fisco ilíquido?

En todo caso, los años 2018 y 2019 son las fechas en las cuáles se deberán hacer erogaciones mayores aún en materia de deuda pública. Queda demostrado así que el mal manejo del crédito público es la causa próxima de los desequilibrios. Se trata del proverbial “pan para hoy, hambre para mañana”.