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El martirio del agua
Entre las tradiciones religiosas ya perdidas, se recuerda aquella de la prohibición de bañarse en el mar en Viernes Santo. Por respeto a la solemnidad de la fecha y en algunos casos por temor a las posibles consecuencias (quien lo hiciese corría el riesgo de convertirse en pez, según nuestro folclor), año a año se cumplía el sacrificio. Pero parecería que ciertas autoridades se han empeñado en rescatar la tradición, convirtiéndola en una expiación urbana que fieles e infieles llevan a cabo desde sus hogares, en pleno siglo XXI y al pie del Gran Guayaquil. Las últimas administraciones de Durán prácticamente han obligado a los habitantes de este cantón a vivir el martirio de la falta de agua, sin que una solución definitiva se avizore a corto plazo. Incomodidad, abuso y desesperación han generado en esta comunidad los cortes de agua, “programados” y sorpresivos, que desde hace muchos meses viene soportando, lo que ha convertido el diario vivir en una proeza permanente. La Semana Santa llegará a su fin en dos días. ¿Terminará el suplicio de los durandeños en el mismo plazo o la escasez se prolongará en forma indefinida? Este tormento prolongado que trae como consecuencia el deterioro de la calidad de vida, podría generar una grave reacción social.
`Este tormento prolongado que trae como consecuencia el deterioro de la calidad de vida, podría generar una grave reacción social’.