
La malla frente a San Marino divide la reaccion de peatones
La Autoridad de Tránsito quiere impedir el cruce desordenado y arriesgado de los transeúntes. Los usuarios reclaman pasos seguros y no tan distantes entre sí.
Para el lunes está previsto que culmine la instalación de 320 metros de malla metálica en el parterre central de la avenida Francisco de Orellana, frente al centro comercial San Marino. Con la armadura de 2,10 metros de altura, la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) pretende evitar siniestros por el cruce imprudente de los transeúntes.
Por la arteria que conecta con el norte de Guayaquil circula un promedio de 12.800 vehículos en horas pico (18:00 a 19:00), incluidas las más de 20 líneas de buses urbanos.
Pero la red, instalada desde la avenida Carlos Luis Plaza Dañín hasta la calle José Alavedra, genera criterios divididos entre los ciudadanos consultados por Diario EXPRESO.
Para unos, deteriora el ornato urbano de la zona y es una solución fácil ante la falta de obras que favorezcan al transeúnte; para otros, aportará en el orden peatonal y mejorará la circulación vehicular.
Gelacio Mora, dirigente del colectivo Tejido Social, sostiene que es un absurdo que se privilegie al vehículo antes que al peatón. “Es contraproducente colocar una reja sin dar opciones a las personas, como un paso peatonal elevado”, indica.
En la práctica, quienes deseen cruzar la vía tienen dos opciones en los semáforos vehiculares situados a más de esos 320 metros de distancia entre sí, en las avenidas Plaza Dañín y José de Alavedra. Ninguno tiene un tiempo exclusivo para el paso de los peatones.
Transeúntes como Galo Tomalá creen que las autoridades han tomado el camino más fácil. “Ahora estamos obligados a caminar más, mientras se da preferencia a los automotores, que de seguro excederán la velocidad”, dice.
El criterio lo comparte María de los Ángeles Carrasco, quien labora en uno de los negocios de la ciudadela Kennedy. “En el centro de la vía deberían abrir un espacio en el parterre central y colocar un semáforo peatonal. Además, la señalización es deficiente”, manifiesta.
Mientras Mario Carvajal, quien habita en uno de los edificios del sector, concuerda con la instalación de la malla, como una alternativa para organizar el tráfico. “Hay personas que cruzan sin prevenir el paso de los vehículos, trayendo como consecuencia los atropellados y hasta choques”, remarca.
“Muchas veces y por ahorrarnos la distancia, hay peatones que prefieren arriesgar la vida en el sitio, que en las noches es oscuro”, opina Humberto Carrasco, quien con su taxi frecuenta la zona.
Freddy Granda, jefe de Planificación de la ATM, defiende la medida, porque, según él, se busca un reordenamiento vial. Además, niega que la estructura desmejore el ornato urbano de este sector del norte de la ciudad. “Son mallas finas, decorativas y se las utiliza en centros deportivos”, puntualiza.
Según Granda, el peatón guayaquileño necesita de una formación en cultura vial. Pero cree que ese es un proceso que “puede tardar entre 10, 12 y 15 años”, y por ahora debe haber una respuesta inmediata.