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La magia de un libro viejo y el encanto de uno nuevo

El primer libro con el que me enamoré de la literatura era uno viejo y usado; ahí radicaba su magia. Aquel libro tenía vida, no solo por la historia de sus letras que su autor plasmó, sino por la que encriptaba bajo manchas, garabatos y doblados.

Me intriga la idea de descubrir cuantas noches de desvelo revelan las gotas de café, de saber cuánta ansiedad calmó los rastros de colillas de cigarrillos en sus páginas, y de poder descifrar cada una de las pequeñas historias tras la historia del libro. Pero no se engañen, los libros nuevos también tienen su encanto. Depende de nosotros, los nuevos lectores, darle alma a estos libros que buscan, parados en las estanterías, que les den un poco de vida.

Camilo A. Cabezas Orellana