Maduro... y no cae

Tiempo es lo que quería Maduro y tiempo es lo que le han regalado las circunstancias. Hasta hace aproximadamente un mes se pensaba que el troglodita régimen venezolano tenía los días contados, que se iniciaba un indetenible proceso de resquebrajamiento en las Fuerzas Armadas y que las presiones internacionales, en los ámbitos político y económico, se constituirían en factores determinantes para su caída. El 23 de febrero, día establecido por la oposición encabezada por el presidente del Legislativo y presidente interino de la República, Juan Guaidó, fue esperado con mucha expectativa por la opinión pública internacional y por la descontenta población.

Se creía que el amanecer de ese sábado marcaría el inicio de una fase militante de rechazo, que la ayuda humanitaria procedente de varios países entraría sin mayores problemas para ser distribuida entre la colectividad, y que cualquier asomo de obstrucción por parte de las pandillas represivas chavistas y los uniformados desembocaría en un desenlace incontrolable hasta dar por terminada la dolorosa experiencia que mantiene al pueblo venezolano en la situación más inhumana y angustiosa de su historia. La realidad fue distinta. Conatos de enfrentamiento de corta duración aunque de duros efectos, múltiples reclamos de países solidarios con el pueblo de ese sufrido país, fuertes pronunciamientos por parte de líderes influyentes como el presidente de los Estados Unidos, retiro de algunos cientos de militares, pero hasta ahí.

Y Maduro se ha aprovechado de la incertidumbre resultante. Le ha servido para ello, tanto el silencioso aunque coincidente criterio de varios jefes de Estado que prefieren no hipotecar su legitimidad si asoman como instrumentos de la aparatosa posición del presidente gringo, como la posición -que parece ganar terreno- de que el problema debe resolverse mediante una negociada convocatoria a elecciones. Estas alternativas, que no pueden concretarse de modo inmediato, parecen darle a Maduro un gran respiro y a Venezuela una condena a la desgracia.