‘El vuelo del condor’, la adrenalina para el turista

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‘El vuelo del condor’, la adrenalina para el turista

Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Como saltar al vacío. “¡Hijo de la chingada!” fue lo primero que gritó Jesús Ortiz cuando su cuerpo se abalanzó sobre el abismo en un columpio de 12 metros de altura. “Fue adrenalina pura. Lo volvería a hacer”, agregó cuando después de diez minutos logró pisar tierra firme y besar a su esposa Glenda.

Jesús, oriundo de Puebla, México, es uno de los muchos turistas que llegan al nuevo atractivo turístico de deporte extremo en Baños de Agua Santa: “El vuelo del cóndor”. Son dos columpios, uno de 12 metros de largo y el más grande, de 20 metros, que se estrenará para el feriado de carnaval. Están construidos sobre el encañonado de Ulba, de 600 metros de profundidad.

A más de adrenalina, el atrevido que se lance podrá ser testigo de un impresionante paisaje mientras su cuerpo vuela, pero con todas las seguridades.

La idea surgió de Herminia Guevara. Primero daba recorridos de senderos para adultos mayores, pero le llegaban turistas jóvenes que pedían un plus al hospedaje. “Fue una noche en que el sueño se me fue en que medité que hacía falta un columpio, pero extremo, no de relajación como es el que existe en la Casa del Árbol. Le conté a mi hermano y los construyó”.

Los dos trapecios están cimentados con tubos y cables de acero. Su construcción fue supervisada por las autoridades de Turismo y municipales.

Estas actividades de aventura se añaden a la escalada, salto del puente, kayak, rapel y otras aventuras extremas que se desarrollan en el centro de la urbe y en la vía Baños-Pastaza. Se llega por una vía asfaltada con dirección a la Casa del Árbol. La propietaria invirtió unos 20 mil dólares. A los turistas que deciden hacer el salto se los equipa con un juego de arnés y casco, como medidas de seguridad.

Muy cerca está Puntzán Canopy. En un espacio de 10 hectáreas, rodeado por dos afluentes y espesa vegetación, cinco hermanos de la familia Palacios aprovecharon el lugar para crear un circuito de seis líneas de canopy y lo fusionaron con la caminata.

Los visitantes pueden lanzarse y realizar tres tipos de piruetas. Mario Palacios, socio de este lugar, explica que las tres primeras líneas tienen una distancia de entre 250 y 300 metros. Aquí los visitantes pueden creerse “superman” o “murciélagos”, por las piruetas que pueden ejecutar en cada circuito.