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Los ‘timoneles’ del Metro
Los trenes. Cada tren tiene una vida útil de 35 años y alcanza una velocidad de 100 kilómetros por hora. Aunque irán, en promedio, a 40 kilómetros por hora.

Un lunes de marzo. Nueve de la mañana. Javier Vilaña, de 26 años, se encuentra de frente con el monstruo. 182 toneladas y 110 metros de longitud. Entra sigiloso en la cabina de control y se acomoda en el puesto de mando... Detrás suyo, su supervisor da la orden: “¡Javier, tracciona!”. Él, sin dudarlo, arranca. Y los vagones del Metro de Quito empiezan a moverse sobre los rieles por primera vez. Dieciséis motores de tracción y 92 kilovatios de potencia bajo sus pies. “Entonces, sentí su poder”, dice, aún asombrado, el primer hombre escogido para operar el tren.
Lenin Paucar, de 29 años, es el segundo. Ingresó a este proyecto un mes después que Javier... Y en la semana en la que se realizó el primer recorrido oficial del tren entre las estaciones Iñaquito y Jipijapa, el lunes 18 de marzo, EXPRESO fue en busca de los dos primeros operadores del Metro de Quito. Son quiteños, estaban desempleados y, aunque ninguno se había subido antes a un tren, aseguran que su experiencia laboral y académica los colocó sobre las rieles del mayor proyecto de movilidad del país. Son los dos encargados de las pruebas, pero la red de Metro tendrá 18 trenes que serán manejados, al menos, por una persona por trayecto (ida y vuelta).
En la primera prueba, Javier aceleró a 10 kilómetros por hora. Fueron 300 metros. Debía saber cómo funcionaban los frenos, la aceleración, los acoplamientos... Desde ese día, operar el Metro es más fácil. Hoy siente mayor seguridad. Dice que el mismo sistema del tren ayuda al operador a no cometer errores, como el “sistema del control de hombre muerto”. Se llama así porque en la palanca, al lado izquierdo, hay un botón que deben oprimir Javier o Lenin -o quien venga- cada cierto tiempo. Si no lo hace, el tren frena automáticamente. Ayuda a evitar una tragedia si el operador se desmaya -o se muere-.
Creyente y padre de una bebé de cuatro meses, Javier estudió en el colegio Mejía. Luego consiguió su tecnología eléctrica en el Instituto Tecnológico Superior Central Técnico. Trabajó en la implementación del sistema Scada, pionero en el país; formó parte de la Corporación Eléctrica del Ecuador, emblemático por el sistema de 500 kilovoltios; y laboró en la subestación El Inga. Así sumó los cuatro años de experiencia que pronto lo llevaron al Metro de Quito, después de estar tres meses sin empleo.
Pero fue su esposa, Gabriela Barahona, quien lo inscribió para que participara en el proyecto. Ella, siempre pendiente de los concursos que se abren en la ciudad, postuló la carpeta de su marido. Tras intercambiar correos, fue llamado a dar las pruebas. Y de entre 18 postulantes -en un solo grupo, había dos- pasó cuatro fases, la última, las entrevistas. Así, el 1 de noviembre, empezó todo. Ya era un operador de material rodante. “Estaba emocionado... lo primero que me llamó la atención fue la longitud de los vagones”, cuenta Javier, sentado en la cabina frente a decenas de botones. Todos importantes. Todos delicados. Todos con características diferentes.
Con Lenin ocurrió lo mismo. Pasó las pruebas y le dieron el cargo. “Voy a hacer lo que me gusta”, pensó en ese momento el hombre, ingeniero en Electrónica Digital y Telecomunicación de la Universidad de Israel. Antes, pasó seis meses haciendo su tesis y, al no encontrar trabajo, condujo un taxi durante cuatro. Pero, “Dios siempre tiene un propósito para cada uno de nosotros”, sentencia desde un vagón, usando el chaleco, las botas... el uniforme que deben llevar él y Javier.
Fueron los escogidos. Ambos lo saben porque ahora los ojos de todos los quiteños están sobre ellos. Y lo ostentan. Pero para ello, desde que ingresaron al proyecto, transcurrieron varios meses de preparación. Incluso para operar un tren. Los capacitaron. Eso sí, poco a poco. Primero el funcionamiento, los modos de conducción... Y el viaje a España. Invitados por los fabricantes de los trenes (CAF), en febrero de 2019, cruzaron el océano -8.000 kilómetros de aquí- donde recibieron la formación teórico y práctica en Zaragoza y Castejón, para operar los vagones. Seis días de labor intensa. Estaban listos.
Regresaron a las pruebas. Hace dos semanas, cuando llegó el alcalde Mauricio Rodas y hasta el presidente Lenín Moreno, Javier y Lenin tuvieron que demostrar sus habilidades en el recorrido oficial. Y lo hicieron bien. Con el Metro cargado de invitados, desplazaron ese monstruo desde la parada de Iñaquito a la de Jipijapa. Lento pero seguro. “Seguimos en pruebas”, recuerdan ambos. Y la gente, emocionada, se hacía fotos, grababa... [Como si de repente todos se hubieran trasladado a Madrid, España].
Saben mucho. Nadie lo discute. Javier, en retahíla, suelta una decena de palabras técnicas: pantógrafo, alarma en el HMI, interfaz, energizado... En resumen, desde la cabina principal puede controlarlo todo, incluso observar a la última persona que va en el último vagón porque hay cámaras. Necesario para la seguridad. Ya pasó que apenas llegados los vagones a Quito fueron grafiteados. “Fue feo mirar esa escena”, lamenta Javier.
“Esperemos que los ecuatorianos cambiemos la idea de hacer daño”, remarca Lenin, a quien su hijo, de 7 años, lo ve como un héroe. El pequeño ya se ha ganado algunos enemigos en la escuela por presumir que su papá es el operador del Metro. Lo han hecho a un lado. No importa. Porque él, asegura, le inculca la humildad.
Javier, en cambio, descansa en el versículo 1- 9 de Josué que siempre le recita su esposa Gabriela: “Esfuérzate y sé valiente”. Con esta gran responsabilidad, ambos operadores confían en que serán recordados por ser los primeros. Los elegidos.
La obra va por el 80 % de avance con $ 2.009 millones de costo
La Línea 1 del Metro de Quito tendrá una extensión de 22 km desde Quitumbe hasta El Labrador, distancia que podrá recorrerse en tan solo 34 minutos. A lo largo de los 22 km habrá 15 estaciones subterráneas de 150 metros de largo cada una, es decir, el equivalente a 1,5 canchas de fútbol profesional. Transportará a 400.000 pasajeros por día.
Las 15 estaciones están concluidas en un 100 %, en proceso de acabados y colocación de elementos decorativos. De los 45 kilómetros de rieles se han colocado ya 42 km. Están en Quito tres de los 18 trenes del Metro y con esto la obra presenta un avance del 80 %, según el desglose del Municipio.
Las oficinas se encuentran, como base, en El Bicentenario. Mientras que los ‘Talleres y Cocheras’ están en Quitumbe, según los operadores. Esa sería la central.
Para la obra, el Gobierno anterior gestionó 750 millones de dólares y el Municipio de Quito 750 millones, pero fue necesario otorgar garantías adicionales por 623 millones para cubrir el total de 2.009 millones del Metro, detalla un informe del Cabildo.
Cada tren tendrá una capacidad máxima de 1.500 pasajeros, es decir, diez veces la capacidad de un trolebús o seis biarticulados. Dispondrá de 144 asientos, 24 por vagón. El tiempo de vida útil de los trenes es de 35 años cada uno, o 4,5 millones de km.
En caso de una emergencia en la unidad, incluyendo una situación de acoso, robo... el pasajero podrá contactarse, a través de un intercomunicador, directamente con el operador del tren, el cual a su vez se comunicará con el puesto de control central donde habrá personal de seguridad.