Actualidad

Llover sobre mojado

Profecía cumplida. Bolsonaro presidente. En uno de mis artículos anteriores analicé los factores por los que este escenario hipotético e irreal logró materializarse. Utilicé una sola expresión en la descripción de las razones: hartazgo político. Si bien considero ese fenómeno esencial, existen otros elementos que permitieron al país más progresista de América Latina tener a la cabeza un líder extremo-derecha. En primer lugar, el discurso. Bolsonaro enfocó candidatura desde la resistencia ante la corrupción, crisis económica e inseguridad. Sus tres “ejes temáticos” de campaña. El Partido Trabajador apostó por otro enfoque, el recurso que le restaba. Su enfoque fue de índole “político partidario”. Complots, traiciones, antiguas élites que buscan recuperar al país y terminar con todo lo ganado desde la revolución. El primer discurso es más cercano al votante. Apela de forma directa a sus necesidades, preocupaciones y carencias. Mientras que el segundo se desvincula del sentir popular. ¿En qué piensan los votantes antes de dormir? ¿En la delincuencia que golpea sus puertas? ¿O en qué político traicionó a Lula? Irónicamente el PT se alejó de la conversación social. Lo que me lleva al segundo punto: el desborde del narcisismo de Lula. Una característica compartida por líderes populistas es la falta de relevo. No haber creado líderes políticos durante su mandato (o cúspide de su popularidad) que lo pudieran suceder. ¿Por qué? Se cristaliza el miedo a “muerto el rey, viva el rey”. De ahí que el PT no tuviera quién candidatizar. Un tercer elemento para analizar: el ataque político a Bolsonaro estuvo mal direccionado. Cada vez que sus contrincantes atacaban su extremismo, estaban atacando su fortaleza. Los votantes “ya conocían” este aspecto de su candidato. Y a pesar de esto (o por esto) simpatizaban. Atacar su personalidad: llover sobre mojado. Otro aspecto que vale la pena recordar: la imagen de herido y atacado venció a la imagen del preso. ¿Quién es la verdadera víctima? ¿A quién querían realmente parar? Históricamente Latinoamérica ha seguido los pasos del “gigante que despertó”, no está de más verse en su espejo.