Las licencias sin cabida para las personas con discapacidad

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Las licencias sin cabida para las personas con discapacidad

Las escuelas de conducción carecen de vehículos adaptados. Los aspirantes se las ingenian para conseguir las unidades para practicar y rendir las pruebas.

Apoyo. Alexandra Mero ayuda a su esposo Darwin Plaza a embarcarse en el auto que invirtió. Vuelve a tomar el volante después de dos años del accidente.

Además del examen psicosensométrico, que determina la capacidad de reacción física y mental, la prueba práctica de manejo es un requisito indispensable para la persona con discapacidad que aspira a obtener la licencia de conducir, en este caso tipo F.

Así lo determina la Ley de Tránsito; y lo lógico es que la capacitación y la toma del test deben efectuarse en vehículos adaptados al interesado.

Sin embargo, las escuelas de conducción no cuentan con esta herramienta indispensable para la preparación de las personas con discapacidad motriz, quitándoles la oportunidad de estar frente a un volante y de sentirse autónomos.

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Los interesados en capacitarse y rendir la prueba en algunos de esos institutos están obligados a buscar la manera de conseguir el automotor homologado al grupo.

“La respuesta que recibimos de esos institutos es que ese tipo de automotor no es rentable, por tratarse de un grupo menor”, expresa Betzabeth Pilaloa, presidenta de la Asociación de Hemipléjicos, Parapléjicos y Cuadripléjicos del Guayas (Asopléjica).

La dirigente lamenta que no exista una respuesta favorable de las autoridades para el sector. Recuerda que a inicios del presente año hizo constatar a los directivos de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) sobre el inconveniente que tienen con las escuelas de conducción. Pero el pedido no hizo eco.

EXPRESO solicitó una entrevista al director de la ANT para profundizar en el tema y conocer el tipo de acciones que se podrían tomar al respecto para facilitarles el proceso a este grupo de personas; pero desde la entidad aseguraron que darían a conocer sus respuestas mediante un correo la próxima semana.

La instalación de los dispositivos manuales que reemplazan a los pedales cuesta cerca de 400 dólares. Es la cifra que pagó Darwin Plaza para adaptar su auto a sus necesidades.

Hace dos años y medio, el joven de 33 años sufrió el 78 % de discapacidad física, tras un accidente de tránsito en el que estuvieron involucrados tres automotores.

Plaza volvió a coger el volante dos meses atrás. Dice que no lo hizo antes por temor y a las limitaciones en que se encuentran las escuelas.

Igual situación experimentó Ricardo Chérrez, quien contrajo la polio en su niñez.

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El joven de 34 años se interesó por aprender a conducir una moto. Las escuelas tampoco cuentan con esos vehículos livianos que se caracterizan por sus ruedas laterales.

“Primero tuve que adquirir la motocicleta, para aprender por mi cuenta la manera de manejarla”, señala.

Alejandro Verdesoto, supervisor de la escuela de conducción Manejo Seguro, admite que no cuentan con vehículos para personas con discapacidad, pero asegura que analizan cada caso para buscar la manera de ayudarlos, “pero si es imposible se lo hacemos saber”.

Puntualiza que la ley establece una discapacidad visual con tope del 30 % y auditiva de hasta 50 %. Para ello se asesoran con el carné del Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades (Conadis).

Verdesoto aclara que eso no los exime de aprobar otros test, como la capacidad del ángulo periférico de visión y la observación de figuras.