Ley de Telecomunicaciones

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Ley de Telecomunicaciones

La Constitución belga (ahora país del prófugo) dice: “La prensa es libre, no pudiendo establecerse nunca la censura”. La de EE. UU. también: “El Congreso no hará ley alguna... que coarte la libertad de expresión o de la prensa”. Entonces, le está vedado al Estado tocar siquiera ambas libertades. Son las únicas que no admiten restricción legal. Por eso no hay leyes de “comunicación” en ningún país, sino ley de telecomunicaciones. Vean la española: “La Ley excluye expresamente de su regulación los contenidos difundidos a través de servicios de comunicación”. Esto aclara además que el servicio público son las telecomunicaciones y no el contenido de la información, que es derecho ciudadano, no servicio. Por eso no puede ser restringido, tal como sucede en Bélgica España y EE. UU. Pero como siempre, ahí estamos nosotros los sabios y nuestra absurda ley mordaza, única en el planeta.

¿Por qué hay que tutelar la libertad de prensa y no el derecho de comunicación? Simple: cuando se tutela la libertad de prensa sabemos que la garantía es para la prensa no para el Estado. En cambio, con el derecho de comunicación, el Estado se nos mete por las tranqueras y tutelamos sus inexistentes derechos y no la libertad de prensa de la sociedad civil. Es que cuando nos pusimos exquisitos y llamamos “comunicadores” a los periodistas (el periódico es el más antiguo medio de prensa) ganamos el “derecho de comunicación”, pero perdimos la libertad de prensa. Por último vean la filosofía que inspira la ley española: “un marco regulatorio claro y estable que fomente la inversión, proporcione seguridad jurídica y elimine las barreras que han dificultado el despliegue de redes, y un mayor grado de competencia en el mercado”. Nosotros, para atrás como el cangrejo: no entendemos que las telecomunicaciones son el servicio que hace posible la información y vamos a reformar la ley mordaza en lugar de derogarla y expedir una ley de telecomunicaciones que fomente la inversión como en España. El genio no entendía que la iniciativa privada es lo que mueve el mundo. Pero nosotros seguimos en su tonto juego. Estupendo.