La ley de la interculturalidad obligatoria

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La ley de la interculturalidad obligatoria

La nueva ley de comunicación consagra la cultura indígena como pieza de museo y la impone así a los medios,  La interculturalidad real no pasó por la Asamblea. Un análisis.

Meliza Yumisaca
Influencer. Meliza Yumisaca ejerce la interculturalidad en redes sociales de formas que los asambleístas del correísmo y Pachakutik ni sospechan.Cortesía

El paraíso de los políticos totalitarios es un mundo donde todos sonríen por obligación y se llevan como hermanos porque no les queda más remedio. “Soy feliz”, proclamaba el personaje de un viejo dibujo del viñetista español Chumy Chúmez: “¿Voluntario o forzoso?”, le preguntaba su interlocutor. “Forzoso”, contestarían hoy los asambleístas del correísmo y Pachakutik que acaban de aprobar las reformas a la ley de comunicación. Ellos creen que el mejor camino hacia el Ecuador multiétnico del buen vivir es forzar a los medios a la interculturalidad obligatoria.

“Los medios de comunicación tienen el deber de difundir contenidos que expresen y reflejen la cosmovisión, cultura, tradiciones, conocimientos y saberes de los pueblos y nacionalidades indígenas, afroecuatorianas y montubias, por un espacio de 5% de su contenido comunicacional”. Estas palabras del artículo 36 de la ley original que rigió durante el correísmo, inicialmente eliminadas del proyecto de ley que se debatió en el Pleno, quedaron intocadas en las reformas que aprobó la nueva mayoría. Como si no hubieran demostrado su absoluta inutilidad durante todos estos años.

La interculturalidad obligatoria acarrea una serie de problemas de concepto que los legisladores que la defienden (Ángel Maita, Dina Farinango, Paola Cabezas...) ni siquiera se plantean. Para empezar, lo que se propone como una medida integradora e incluyente opera, en la práctica, como todo lo contrario: una fórmula de exclusión con la cual las culturas indígenas y afroecuatorianas pasan a ocupar compartimentos estancos que se administran por cuotas por fuera de la programación regular.

Otra tema que queda suelto es la definición de “contenidos interculturales”. La ley no se molesta en establecerla. Sin embargo, hay cosas que no pueden darse por sentadas. Cuando un medio de comunicación se enfrenta, por ejemplo, a cubrir un levantamiento indígena; o los diálogos entre el Gobierno y la Conaie que se desarrollan en estos días; o entrevista a Leonidas Iza o cualquier otro dirigente... ¿Cuentan esas coberturas como contenido intercultural? Uno tiende a pensar que no. Parece que es otro tipo de cosas lo que tienen en mente los legisladores cuando hablan de contenido intercultural. Por ejemplo, un reportaje sobre los bordados de Zuleta; o una entrevista con un antropólogo sobre los seres mágicos de los cerros; o una nota sobre la marimba, el cununo y el guasá en la música esmeraldeña. En otras palabras: cuando la ley de comunicación habla de contenido intercultural, está privilegiando el folclor por encima de las relaciones interculturales reales que se desarrollan en la sociedad. La interculturalidad es, para la ley de comunicación, una pieza de museo.

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Paradoja: decenas de periodistas fueron agredidos, golpeados, insultados, despojados de sus equipos, secuestrados o expulsados por dirigentes y comunes indígenas cuando intentaban cumplir con su trabajo de reportería durante el último paro nacional. Ahora, obligados por la ley, tienen que regresar a esas comunidades a cantar las obligatorias loas de rigor a las bondades de la interculturalidad ecuatoriana. Esta ley impone la hipocresía institucionalizada.

Mientras tanto, la sociedad ecuatoriana celebra, de forma masiva, la gracia y las ocurrencias de los ‘influencers’ indígenas que, desde el TikTok, el Facebook y el Instagram, plantean un nuevo modelo de interculturalidad que los legisladores ni sospechan. Leonardo Sefla ejercita sus músculos y se exhibe en posturas apolíneas; Nancy Risol imparte clases de maquillaje y experimenta un espectacular ‘cross over’; Meliza Yumisaca participa en las manifestaciones y se despide de su novio policía que cierra filas en el otro lado... La interculturalidad se renueva día a día, irreductible a los paupérrimos, esquemáticos formatos con los que legisladores incapaces de ver la realidad pretenden construir, a patadas, el Ecuador multiétnico.

Una inversión obligatoria

La nueva ley de comunicación es generosa a la hora de conceder ayudas, subsidios, fondos y todo tipo de ventajas a los medios comunitarios para que difundan los valores de la interculturalidad. Al mismo tiempo, impone a los medios privados (cuya reproducción económica dificulta en varios artículos) la obligación de invertir en la producción de contenidos interculturales.

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