Una ley que deja pendientes

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Una ley que deja pendientes

Los gremios de medios y periodistas esbozan sus temores por las reformas a la Ley de Comunicación. La oposición las aplaude y el correísmo las rechaza.

Debate de la Ley de Comunicación en la Asamblea Nacional.

La aprobación de las reformas a la Ley de Comunicación en la Asamblea el martes, que pasarán a revisión del Ejecutivo para su sanción o veto, es tomada con cautela por los gremios de periodistas y los medios de comunicación.

“Aún es pronto para cantar victoria”, escribió en su cuenta de Twitter la periodista Tania Tinoco, de Ecuavisa, quien considera que es “prematuro decir que esta nueva ley garantiza un periodismo libre”, aunque se haya cambiado las tres cuartas partes de la original.

“Quedan muchas preocupaciones pendientes”, agrega Guadalupe Fierro, presidenta de la Unión Nacional de Periodistas (UNP). Entre ellas, dice, lo relacionado con el manejo de la información y más que nada lo referente a la información restringida, sobre lo que no se ha hablado.

“Reconocemos que hay un avance significativo, que se ha hecho un esfuerzo al eliminar algunos artículos inconstitucionales, pero en términos de libertades aún no hay libertad”, añade el director ejecutivo de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos (Aedep), Francisco Rocha.

El directivo no solo lamenta que se mantenga el chip del correísmo en la Ley de Comunicación, sino que no se hayan eliminado los adjetivos calificativos y términos como “y otras”, en referencia a otras leyes, como consta al final del artículo 61. Con ello, dice, se abre paso a la subjetividad, porque cualquier persona en el futuro puedo invocar una ley cualquiera para coartar la libertad de expresión y de información a la que tienen derecho todos los ecuatorianos. Tampoco, añade, se aclara cómo se mide el 5 % del contenido intercultural; es decir, si solo se aplica a la información o incluye la publicidad.

Rocha cree que hay que aceptar las reformas con mucha prudencia. “No es para festejar”. Él espera un veto parcial del presidente Lenín Moreno que pulan más artículos porque quedan textos pendientes”.

Su aspiración es compartida por Guadalupe Fierro y líder del movimiento CREO, Guillermo Lasso, quien dijo que el bloque legislativo de su movimiento votó a favor de la reforma porque era un paso para descorreizar la sociedad ecuatoriana. “Peor sería que la actual ley siga vigente. El cambio definitivo será en el 2021”.

Precisamente, en los cambios que puedan plantearse en el futuro, ya sea en este o en los venideros gobiernos, es donde los periodistas advierten uno de los más grandes riesgos.

A la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) tampoco le gustó el texto aprobado por la Asamblea en la noche del miércoles, con 75 votos afirmativos, 25 negativos y 7 abstenciones. A través de un comunicado, la Conaie rechaza los cambios hechos a lo relacionado con la asignación de frecuencias para los pueblos y nacionalidades; los considera de última hora para beneficiar al sector público y privado.

“La renovación automática no garantiza empleo, al contrario, garantiza la concentración del espectro radioeléctrico en pocas manos, generando monopolios”, señala la Conaie.

Marcela Holguín (correísta), vicepresidenta de la Comisión de Derechos Colectivos y quien votó en contra del proyecto, asegura que la reforma no acaba con las sanciones, solo las traslada a los tribunales. “No plantea un recurso-acción rápido, sencillo y efectivo que ampare los derechos de todas las personas, solo nos expone al represamiento de causas”, dice.

Su coidearia Verónica Arias, la más crítica a los cambios introducidos, cree que la Ley de Comunicación queda en letra muerta, un cascarón convertido en norma ineficaz, llena de proclamas sin instituciones ni mecanismos para hacerla efectiva”.

Quienes votaron por su aprobación, como Jeannine Cruz, los festejan. “¡Adiós al sistema de persecución y hostigamiento! Bienvenida la democracia, el diálogo, el periodismo de investigación y la libertad de expresión”.

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