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La lenta y larga ruta hacia el morenismo

Nueve gestos acercan al presidente hacia su emancipación política, bajo la mirada crítica del expresidente Correa, quien ya habla de “torpeza o deslealtad”

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Es un proceso de desintoxicación. El presidente Lenín Moreno, encasillado durante y después de la campaña como un llano sucesor de Rafael Correa, ha decidido, desde su posesión, enviar señales al país de la construcción de un proyecto propio. Tres semanas después de asumir el poder, el 46 presidente de la República avanza sin afán por un sendero propio y potencialmente distante del correísmo, el morenismo.

Ese camino, que ha abierto una brecha con posibilidad de ampliación en el partido de Gobierno bajo acusaciones de “torpeza o deslealtad”, por parte de Correa, aún se mantiene en la cancha de los gestos. Aquí los más notorios:

El tono político.

1.La escena política se ha quitado furia de encima. Los encontrones políticos miran ahora a los grandes debates nacionales, quitando las críticas personales de en medio. El acercamiento de Moreno a todas las fuerzas políticas solo mantiene al margen del tablero a CREO, que se niega aún a reconocerlo como presidente legítimo.

El estado de propaganda.

2.En tres semanas, el presidente Moreno solo ha intervenido en la agenda de la opinión pública en una ocasión, durante su rueda de prensa inaugural, donde anunció el frente anticorrupción. Su administración ha demostrado que es posible evitar el derroche de fondos públicos al reducir considerablemente la propaganda estatal y llevar las tres horas y media de ‘rendición de cuentas’ semanales a menos de ocho minutos.

Libertad de expresión.

3.Su reiterativa predisposición para reformar una de las herencias legislativas del correísmo, la Ley Orgánica de Comunicación, que supuso una sistemática imposición de multas contra los medios, ha despertado la más reciente crítica por parte del expresidente, quien propone reformar la ley para “edurecer multas y sanciones”. La doble visión al interior del mismo movimiento puede abrir el paso para una reforma que respalde la libertad de expresión, partiendo la férrea disciplina partidista para sumar, al menos, los cinco votos adicionales que necesita la oposición en la Asamblea para echar abajo la Supercom y el aparataje contra el periodismo.

Dinero electrónico.

4.En su primera semana en el poder, el presidente Moreno se reunió con los representantes de la banca, a los que Correa había denostado y marginado en su último período. Allí no solo prometió una colaboración y ánimo de diálogo, sino que dejó la puerta abierta para que el sector privado administrara el dinero electrónico, un emblema que el correísmo quiso monopolizar desde el Estado sin aclarar si se trataba o no de una doble moneda. Moreno prefirió zanjar el debate el día mismo de su posesión: “No tendremos una moneda paralela. No la tendremos”, pronunció con mucha pausa, para que todos lo comprendieran.

El nuevo ejecutivo.

5.Como lo había anunciado durante la campaña, Moreno optó por volver más austero al Ejecutivo. De entrada, echó del árbol presidencial a Freddy Elhers, secretario nacional del Buen Vivir. Y eliminó la dependencia. También diluyó de un plumazo herencias como el denominado Plan Familia, encargado de proponer regulaciones en la vida sexual juvenil. Por el contrario, creó la Secretaría Toda una vida, dedicada a dar vigencia y seguimiento a su principal oferta de campaña, de tinte social.

La relación con los militares.

6.Devolvió en 10 días lo que se había perdido en 10 años: la estabilidad en la cúpula militar, descabezada sistemáticamente durante la anterior administración. Además, en la última reunión de su ministro de Defensa, Miguel Carvajal, con los militares, se ofreció una solución negociada a la decisión impuesta por Correa sobre los terrenos del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas. En una reunión con la cúpula, el propio Moreno le dio un espaldarazo a la institución, al garantizar que su seguridad seguiría a cargo de los uniformados, en línea con lo establecido en la Constitución, y contrario a lo aprobado al día siguiente por la Asamblea Nacional, que se allanó a la decisión de Correa de crear un cuerpo civil de protección a las autoridades.

Marcha atrás a los excesos.

7.Un simple anuncio en redes sociales: “El diálogo da sus primeros frutos”, dijo Moreno, colgando el indulto contra uno de los cientos de representantes indígenas apresados durante el correísmo por protestar. La decisión fue bien recibida incluso por el ala radical del movimiento indígena que, días atrás, se negaba a reconocerlo.

La anticorrupción.

8.La creación del frente anticorrupción no salió como lo propuso. Los tres nombres que simbolizaban la independencia en la lista de 12 quedó reducida a nueve voces afines al Gobierno de turno. Sin embargo, la invitación a las Naciones Unidas para respaldar la lucha anticorrupción en Ecuador se mostró como un segundo y complementario camino en la tarea. También fue criticado públicamente por el expresidente.

La gran incógnita.

9.Tras los nubarrones sigue oculta aún la cara económica del nuevo Gobierno, que deberá hacerse pública una vez que el Ejecutivo remita su propuesta de Presupuesto General a la Asamblea Nacional.

El presupuesto, su ánimo de regirse a la austeridad prometida por Moreno, su foco centrado en el área productiva o social, y su capacidad para demostrar la posibilidad de cubrir los huecos fiscales, terminará por describir en acciones al nuevo gobernante. Las señales que de aquí se desprendan, finalmente, servirán para comprender al morenismo como un correísmo light o como un proceso nuevo que ha iniciado ya la búsqueda de su emancipación política.

¿Quién es el número dos de Moreno?

El vicepresidente Jorge Glas perdió, durante las primeras semanas del morenismo, su condición de amo y señor de las áreas estratégicas.

Por decisión presidencial, sus labores no serán ya requeridas en seis áreas y doce ministerios. Sobre todo en la administración petrolera, encargada al secretario general de la presidencia, Eduardo Mangas, el hombre políticamente más cercano al presidente. Glas, quien se ha convertido en el blanco principal de la oposición, pasa más tiempo fuera de Carondelet que dentro. Y su familia se ha mudado a Guayaquil.

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