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“No tengan complejo de inferioridad con la vejez”

Isidro Soriano Peña tiene 103 años y da charlas sobre ‘Cómo ganarle al tiempo’ y envejecer con éxito. Tiene una lucidez y memoria que impresionan.

Conversación. Luego de la charla, algunos asistentes rodearon a Isidro Soriano (centro) para hablar con él.

El bolígrafo negro temblaba en la mano arrugada de Eduardo Varas. El hombre de pelo canoso, de 72 años, escribía con prisa, sobre una hoja apoyada en sus piernas, cada consejo que salía de la boca del doctor Isidro Soriano Peña.

Eduardo escuchaba atento al médico guayaquileño, de 103 años, que desde hace un par de décadas se dedica a dar charlas, entre otros temas, sobre cómo tener una vejez exitosa. Y él predica con el ejemplo.

“En el año 1986 me detectaron diabetes. Para evitar la pérdida de visión, empecé a tomar una perla de vitamina A todos los días”, recordó el galeno retirado, con una precisión que no solo dejaba boquiabierto a Eduardo, sino a los más de 90 adultos mayores que, como él, acudieron a escucharlo a las 09:30 de ayer.

“Estoy orgulloso de saber que en mayo cumplo los 104”, presumió seguido de un cuchicheo de incredulidad que retumbó en el salón del Hogar del Corazón de Jesús, al norte de Guayaquil, a donde Soriano llegó apoyado de su andador a dar su charla ‘Cómo ganarle al tiempo’.

Sus arrugas, el tono tembloroso de su voz, las canas y la parsimonia de sus movimientos describen su longevidad, pero pocos allí creían que su edad sobrepasaba el centenario.

Rita Silva estaba sentada junto a Eduardo en la primera fila y apenas pestañeaba. Una carcajada la sacó de su concentración cuando el exdirector de la maternidad Enrique Sotomayor respondió con una autobroma: “A mí todo lo que me falla está del ombligo para abajo”, cuando le preguntaron sobre el secreto de su lucidez.

Su discurso duró 40 minutos y lo único que interrumpía la fluidez de sus palabras era la tos rasposa que de vez en cuando se le salía a algún abuelito.

Soriano, que estaba ataviado de blanco desde el pelo hasta los pies, no necesitó beber una sola gota del vaso con agua que colocaron en una mesita junto a él, y que cimbraba cuando la rozaban sus brazos.

Empezó a las 09:40 a hablar del nacimiento, de las partes del cuerpo y sus funciones, con la exactitud que reflejaban sus 55 años como médico y docente universitario.

Eduardo continuaba garabateando el papel como si tomara un dictado, sobre todo cuando Soriano daba tips para evitar la pérdida de memoria. “Yo sé que a ustedes les pasa que se olvidan de las cosas, y que tienen que anotarlo en una libretita, pero luego no recuerdan dónde pusieron la libretita”, ironizó seguido de un coro de risas y movimientos afirmativos de cabeza.

Vitaminas A, C, D, del complejo B, Omega 3, ginkgo biloba... Eduardo anotaba cada nombre de las ‘pastillitas’ que Isidro toma a diario para estar en buen estado físico, a pesar de batallar contra la diabetes, el cáncer, problemas cardíacos y otras afecciones que prefirió no detallar.

“Eso sí, (no bebo) ni una gota de alcohol. Y el pastel es muy rico, pero no como ni un pedacito. Sobre todo, el ‘remedio’ más importante es que no tengan complejo de inferioridad con la vejez”, reflexionó.

Los últimos minutos de su disertación los usó para meditar sobre el paso del tiempo y de qué forma las personas deberían enfrentarlo. Sugirió alejarse de la ira, del fanatismo, evitar las expresiones de desinterés y, sobre todo, jamás usar la frase “No puedo”.

Apenas soltó el micrófono, decenas de manos se levantaron para colmarlo no solo de preguntas, sino también de felicitaciones. Él contestaba encantado mientras su hijo de crianza, Julio César Cordero, agitaba sus manos para indicarle que se hacía tarde y era tiempo de irse.

El evento, que según lo programado terminaría a las 10:25, se extendió hasta las 11:20 porque a cada paso tembloroso que daba Peña para ir hacia la puerta de salida, se acercaban más asistentes a darle palmaditas en la espalda o consultarle algo al oído.

“¿Cuándo regresa?” se escuchó un grito agudo. Acompañado de una sonrisa, Isidro les aseguró: “Todos los días, si quieren”.

Gerontológico

Charlas gratuitas cada mes

La charla que dio Isidro Soriano Peña es parte del programa de envejecimiento exitoso que realiza el Hogar del Corazón de Jesús desde hace más de dos años.

Se da una conferencia cada mes de forma gratuita para los adultos mayores de Guayaquil, informó Camila Valdiviezo, gerontóloga del hogar de la Junta de Beneficencia.

Esta es la segunda vez que Soriano acude al lugar, por petición de los adultos mayores, que lo invitaron a festejar su cumpleaños con ellos.