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“Hackeando” al Gobierno

El “manual de laboratorio” que Mancini publicó en 2011 sigue siendo libro de cabecera y un efectivo manual para enfrentar la revolución digital en los medios. “Hackeando” el periodismo, el título del libro, fue escogido con premonitoria precisión.

De allá para acá, lo que ha pasado con los medios y el periodismo ha cambiado por completo la forma en que consumimos información. En esencia y salvo honrosas excepciones, pasamos en menos de 10 años de la era Gutenberg a la era Zuckerberg.

Ya es hora de que alguien se lance a la publicación de manuales para “hackear” la política, la justicia, “hackear” en fin, las formas en que nos gobernamos. Si seguimos haciéndonos las mismas preguntas y mantenemos algunas de las instituciones de hace tres milenios, no habremos avanzado casi nada.

No puede ser que sigamos sufriendo las ineficiencias del sector público en pleno siglo XXI, en tonterías que la tecnología ha podido ya resolver para otros sectores. En el mundo de la inmediatez, creo inaceptable que no haya presos aún por los abusos sexuales en los colegios, por citar solo un ejemplo. Todos somos corresponsables por no exigir mejores tecnologías en nuestro Gobierno; tenemos que “hackearlo”.

Quitemos antes del “hackeo” la connotación negativa. “Hackear” significa recortar partes -de código, pero el término funciona para todo- y pegarlas en nuevos órdenes, que produzcan nuevos efectos.

Hoy empecé a responder pronósticos sobre una plataforma de “blockchain”. Como estas plataformas procesan datos de manera descentralizada, una vez que ingreso mis pronósticos nadie los puede modificar. Entre las múltiples ventajas que tiene la irreversibilidad de las transacciones de datos registradas en “blockchain”, está la que los autores de este juego tienen como meta: aseguran que con esta tecnología pueden producirse decisiones más acertadas, en las que participen millones de personas, sin que un sistema, un control o una autoridad centralizada puedan torcer la voluntad de la masa. Suena a un “hack” que podría devolverle cierta fuerza a nuestras entristecidas democracias.