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“La verdad no se ensena, se vive”

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Algunos países latinoamericanos viven la falacia de un bolivarianismo urdido para encubrir algunas merecidas reivindicaciones étnicas, pero sustancialmente, para fomentar la lucha de clases. Maltratan así a Bolívar, mintiendo deliberadamente y distorsionando el rumbo de nuestra historia. El “imperialismo” y el “neoliberalismo” fueron argumentos que se sumaron convenientemente al discurso político, aprovechándose de que temas ideológicos como estos (como todos) siempre tienen algún viso de veracidad. Apelan de este modo al engaño y se aferran a él, permitiéndoles mantenerse en el poder cuando menos por una década. Descubrieron que esas mentiras convencionales y sus desgastadas metáforas logran aceitar y mover la maquinaria electoral. Para ello han debido apropiarse del poder mediático, arrebatado por la revolución a terceros, machacando y martillando sus mentirosas proclamas hasta construir una verdad mediática que reemplazaría oficialmente a la verdad auténtica divulgada por los medios privados.

Dicen no mentir nunca, incurriendo con tal argucia en nueva mentira que, si es descubierta, la califican de simples errores humanos de buena fe. No les arredra saber que una falsedad intencionada es inexcusable, por sustentarse en el sectarismo, en la vanidad frecuentemente sicopática del líder de turno y en la pobreza material y espiritual de un pueblo subdesarrollado que no ha sido educado para descubrir la verdad y se inclina sumiso ante el engaño. Estoy por creer, como muchos, que nuestra sociedad reposa en la mentira y que las pocas verdades que se dicen solo sirven para reforzar la mentira, hasta que esta pasa a la historia convertida en verdad.

No podemos concebir que un economista como nuestro presidente, jactándose una vez más de su sapiencia, declare en Barcelona que “los paraísos fiscales son la expresión máxima del capitalismo”, ideologizando así la corrupción y confinándola al sistema capitalista. Es un grave error conceptual atribuir a una corriente doctrinaria aquello que es una defección humana, estricta y absolutamente personal. La deshonestidad pertenece a los seres humanos deshonestos, con nombres y apellidos. No es atribuible a una corriente filosófica ni a una colectividad cualquiera. Esconder en sótanos el dinero robado al pueblo no es un proceder capitalista ni socialista: es prueba de la podredumbre ética y de una torpe y desesperada rusticidad del funcionario ladrón. En esencia, el rudimentario escondite no se diferencia éticamente de los paraísos fiscales, y ni Marx ni Adam Smith, forjadores de comunismo y del liberalismo, tuvieron algo que ver con la rapacidad humana al elaborar sus doctrinas. Sin embargo, hay algo más que emerge de la declaración presidencial: si los paraísos fiscales y el ocultamiento de lo robado son la expresión máxima del capitalismo inmoral, ¿cómo se explica el salto brutal de la corrupción bajo el régimen socialista del siglo XXI ? ¿Estamos ante un neocapitalismo de nuestros revolucionarios socialistas?

Citando nuevamente a Hermann Hesse, la verdad hay que vivirla sin pretender enseñarla escudándose tras ella. Nuestro Gobierno afirma que dejará un Ecuador en “franca recuperación de su economía”, contrariamente a la generalidad de las opiniones que prevén enormes dificultades derivadas de nuestra descomunal deuda pública y pronostican reajustes que tendrán un inevitable costo social. ¿Cuál es, entonces, la verdad que vamos a vivir? ¿Miente el Gobierno o mienten los entendidos? Nunca se miente tanto como antes de las elecciones.

colaboradores@granasa.com.ec

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