“Tu amor es periodico de ayer...”

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“Tu amor es periodico de ayer...”

La existencia y filosofía de la cotidianidad de los sectores subalternos tiene diferencias con otros. Los de a pie, con facilidad superan sus rupturas amorosas. Por eso cantan con Lavoe: “Tu amor es un periódico de ayer/Que nadie más procura ya leer/Sensacional cuando salió en la madrugada/A medio día ya noticia confirmada/Y en la tarde materia olvidada...”.

Eso es lo que piensan la mayoría de ecuatorianos del tuitero solitario, amargado, dogmático y sectario, con su permanente resentimiento social, que desde Europa persiste en creer que el país gira en torno a él. Sumergido en su disgusto, no comprende los respiros de la libertad que recién comienza. No reconoce que pese a su PhD la economía del país quedó hecha un desastre.

Pero no estigmaticemos los periódicos de ayer por el hecho que el tuitero solitario persista en su patológica megalomanía y obsesivo narcisismo de querer ser creador de la verdad, la única palabra y el verbo. Y como ayatola del fundamentalismo del socialismo del buen vivir sigue fastidiando y agrediendo ideológicamente a quienes no coinciden con él. En esos diarios de ayer hay relatos de cómo en el pasado el país tuvo buenos tiempos y hombres más importantes que supieron llamar a la unidad, comprometerse con ella y sacar el país adelante: Carlos Julio Arosemena Tola, Galo Plaza Lasso, Clemente Yerovi Indaburu, etc.

Diferenciemos los “periódicos de ayer”, que publican noticias de los amargados y los que preservan y recuerdan hechos válidos de la sociedad, la democracia y la humanidad. ¿Acaso no es buena noticia, que siempre volveremos a leer, la derrota de los nazis, el suicidio de Hitler y Goebbels, así como el apresamiento y juzgamiento de los criminales de guerra, los corruptos y cómplices de ellos?

Es necesario distinguir los periódicos de ayer identificados con la filosofía del tiempo fugaz y aquellos que siempre tendrán noticias “frescas” del pasado, que siempre es el instante eterno que necesitamos recordar para no olvidar que somos transeúntes, actores, visitantes y ciudadanos que saben y cantan con Lavoe “que todo tiene su final y nada dura para siempre”. Al tuitero le cuesta saber esto.