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“Abracemonos Huaeaca que ambos somos Duchicela”

Fue una expresión popular durante varias décadas, empleada unas veces para conciliar y otras para reprochar cualquier disidencia o afán excluyente de un individuo que se creía diferente a los demás. En esencia, sentenciaba algo así como “somos de los mismos”. Correa debió haber creído incursionar en esa práctica al rodearse de colaboradores convertidos en servidores incondicionales, identificados con su proceder, con Moreno entre ellos. Su frustración debió ser mayúscula cuando tardíamente comprobó que Moreno no se ajustaba a esos patrones de conducta. Sin embargo, la suerte pareció sonreírle cuando este, su sucesor, mantuvo como piezas claves de su administración a quienes en definitiva eran corresponsables del desgobierno correísta y, en especial, del escandaloso endeudamiento público que sobrepasó los límites legales y motivó la denuncia airada del presidente actual. El estribillo “somos de los mismos” no funcionó esta vez. No obstante, al leer la lista de quienes Correa pide su testimonio para explicar los pormenores del brutal endeudamiento público, encontramos a la vicepresidenta Vicuña, a un secretario general de la Presidencia, a una ministra de Finanzas y a quien le precedió en ese mismo cargo, todos ellos correístas revolucionarios que hoy habrían dejado de ser tales gracias a algún artificio que desconocemos. Sus responsabilidades civiles y penales que se ha creído encontrar en el proceso específico del endeudamiento, no pueden diluirse por la simple circunstancia de que ahora esos mismos individuos laboran bajo el mando de quien ha prometido luchar hasta el final contra la corrupción correísta.
En cuanto a Moreno y en estricta lógica, su inicial imagen favorable de hombre honesto y severo podría afectarse por su virtual falta de perspicacia al elegir a colaboradores aquejados de un pecado capital. ¿Debemos creer que Moreno no tenía a nadie más a su alcance y que su campo visual no pasaba de los límites del correísmo que él menospreciaba y denunciaba? Su hipotética ceguera habría rebasado sus predicciones éticas. No podíamos pedirle que publique un aviso clasificado solicitando vicepresidente y ministros, pero aun tal absurdo pudo haber sido eventualmente más eficaz y pragmático que mantener irreflexivamente a su lado a quienes colaboraron con el desastre por él denunciado.
Pero, ¿qué es lo pragmático? ¿Acaso es una palabra irreverente para quienes actúan sometidos a dogmas ideológicos? ¿Acaso no se ha comprobado que el pueblo (en especial el desposeído) espera inútilmente resultados visibles y tangibles de quienes proclaman la lucha de clases y prometen la dictadura del proletariado ? Las ideas solo son verdaderas cuando generan buenas relaciones al interior de la sociedad. El pragmatismo persigue resultados prácticos con la necesaria sensibilidad para prever los efectos positivos de sus decisiones y del comportamiento de un gobernante dispuesto a ser un estadista. Las ideologías únicamente han servido de excusa para tratar de explicar históricos fracasos, pues lo dogmático siempre ha reñido con lo pragmático, en especial si se trata de dogmas revolucionarios que proclaman imaginarias verdades que encuentran terreno abonado en países subdesarrollados y con escasa cultura política, como el nuestro.
La historia ha puesto en manos de Moreno nuestro destino nacional. ¿Tiene real vocación por resultados favorables o sueña aún con viejos postulados que nos asaltaron en nuestra juventud? Creemos en su buena intención, libre de la megalomanía e ideologización que afectaron a quien lo precedió.