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Diario Expreso Ecuador

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Julio, natalicio de Guayaquil

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Surgió cono una sirena de la blanca espuma del inmenso mar, custodiada por el estero y abrazada por su río, al que el exvicepresidente Blasco Peñaherrera, en inspirado símil llamaría Río Capitán de Grandes Ríos. A poco Guayaquil tensaría sus músculos para convertirse en el motor de la economía nacional, pero no descuidó las cosas del espíritu, cantando en las estrofas de sus poetas y pintando su efigie en la plástica de reconocidos pintores.

Los piratas la invadieron, sabedores de sus riquezas, y el fuego, celoso de su grandeza, arrasaría la mitad de la ciudad. Pero nuestra ciudad, inmortal como el ave Fénix, vencería los contratiempos y podría decir: A Guayaquil la pueden romper, pero no la doblan; y siguió, con el concurso de sus hijos, trazando el camino del progreso, conquistado a pesar de los celosos olvidos y las oscuras marginaciones. Por eso pudo engendrar en sus entrañas, dos de las tres o cuatro auténticas transformaciones y contar con dos de los ya consagrados por la historia, como los más grandes presidentes de la República: García Moreno y Vicente Rocafuerte, y salir indemne de la dictaduras militares y de la última civil de largos diez años de duración y de rotundos males para el país.

Por todo ello hay que decir que el espíritu guayaquileño es inmortal y seguirá marcando para siempre el ritmo de la nación.

Sin embargo, en su madurez embellecida debe mantener como hasta hoy una prudente actitud, limitando el gasto corriente y el endeudamiento, orientando la inversión hacia la generación del empleo y reclamando a los poderes centrales el incremento de la seguridad, especialmente en los sectores populares, donde ha crecido el delito de sangre y aumentado notablemente el narcotráfico.

Para el efecto debería organizarse una central de las fuerzas que tienen algo que ver con la seguridad, como la Policía Nacional, con el respaldo de las Fuerzas Armadas y el concurso de la Policía Metropolitana y del Cuerpo de Bomberos, con una jefatura única que logre la combinación de los esfuerzos para enfrentar la violencia delictiva.

El pueblo guayaquileño es pacífico pero no tolera ninguna clase de violencia y menos la delictiva.

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