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Sacro. Ultraortodoxos judíos oran en el Muro de las Lamentaciones.

Hemos venido insistiendo en esta columna en que fue un grave error de los habitantes árabes del territorio palestino no haber aceptado la división propuesta por las Naciones Unidas, según la cual se creaban dos Estados: Israel y Palestina, en 1947. De esa época para acá, serían dos países que con base en la colaboración hubieran crecido, como lo ha hecho Israel, y se hubieran evitado tres guerras y muchos muertos.

Hasta ahora se consigue la paz, pese a las conversaciones y esfuerzos que se han hecho, gracias a los cuales hasta sus patrocinadores consiguieron el Premio Nobel de la Paz.

La resolución de la ONU. En dicha división se estableció que en la ciudad de Jerusalén, el 29 de noviembre de 1947, se establecían dos Estados, uno árabe y otro judío, quedando la ciudad de Jerusalén internacionalizada. La resolución establecía: “La ciudad de Jerusalén se establecerá como un corpus separatum bajo un régimen internacional especial y será administrada por las Naciones Unidas”. Precisaba que la ciudad de Jerusalén incluiría la municipalidad de Jerusalén y las ciudades y pueblos de su periferia, con una serie de normas que permitían que, siendo un lugar sagrado para las religiones hebreas, musulmanas y cristianas, en zonas perfectamente delimitadas puedan ejercer su culto.

Los hebreos aceptaron la división de ese territorio que estaba bajo el mandato inglés. La administración británica abandonó Palestina el 15 de mayo de 1948, fecha en que expiraba el mandato británico y un día después de que David Ben Gurión leyese la Declaración de Independencia de Israel.

Al día siguiente los países árabes vecinos iniciaron la invasión del Estado de Israel, dando inicio así a la guerra de independencia de Israel o guerra árabe-israelí de 1948. Los habitantes musulmanes, presionados por sus hermanos árabes, no aceptaron la división y atacaron en tres guerras, en las que fueron derrotados pese a su mayoría numérica. Tras la Guerra de los Seis Días, Israel considera la ciudad como un todo unificado y un mismo municipio, declarándola como su capital “eterna e indivisible” mediante la Ley de Jerusalén el 30 de julio de 1980, ya que un Estado soberano puede declarar su capital en cualquier parte de su territorio.

La intervención del Consejo de Seguridad. En agosto de 1980, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 478, mediante la cual declaró nula la Ley de Jerusalén y aconsejó a sus Estados miembros que situasen sus embajadas en Tel Aviv como medida de castigo por la anexión. Una buena cantidad de países ya habían trasladado sus embajadas a Jerusalén, entre esos Ecuador.

En cuanto a Estados Unidos, su Congreso aprobó una ley en 1995 que declaraba que “Jerusalén debe ser reconocida como la capital del Estado de Israel, y la Embajada estadounidense en Israel deberá establecerse en Jerusalén no más tarde del 31 de mayo de 1999”. Sin embargo, los presidentes norteamericanos de la época no dieron la orden, hasta que Trump tomó la decisión, ofrecida en su campaña.

Jerusalén, capital de Israel y su ciudad más grande y poblada, tiene 865.700 residentes en un área de 125,1 kilómetros cuadrados. Se ha extendido bastante más allá de los límites de la Ciudad Vieja.

En definitiva, la partición prevista por la ONU nunca se llevó a cabo a efectos reales, debido a la guerra civil y a la posterior guerra árabe-israelí durante la cual Jerusalén fue ocupada por las tropas de Jordania e Israel, haciéndose los primeros con la Ciudad Vieja y los últimos con los barrios modernos.

El conflicto dejó la ciudad dividida en dos, hasta su reunificación hecha por los triunfadores, tras la Guerra de los Seis Días.

La lamentable realidad. Poco importaron las diversas resoluciones tomadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 1967, 1973, 1979, 1980 y 1981, que instaban a Israel a retirarse de los territorios ocupados. En 1978 Israel había negociado con Egipto la entrega de la Península del Sinaí a cambio de su renuncia al reclamo de un Estado Palestino.

También contaba con el poder de veto de su aliado Estados Unidos ante cualquier iniciativa del Consejo de Seguridad que amenazara con intervenir directamente en el territorio a favor de los palestinos. Recordemos que en los territorios que le quedaron, lo que se llama la Autoridad Palestina, se declaró como Estado, pero muy pocos países lo han reconocido. Naciones Unidas solamente lo ha aceptado como observador.

Con estos antecedentes, los palestinos han declarado la intifada: habrá piedras, incidentes, quema de llantas, algunos muertos y protestas de Estados, en lugar de hacer gestiones diplomáticas para conseguir su aceptación como Estado y miembro activo de NN. UU.