Jaime Nebot: “Me siento como si tuviera 35, pero tengo el doble”

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Jaime Nebot: “Me siento como si tuviera 35, pero tengo el doble”

El alcalde de Guayaquil está de cumpleaños. Son 70. Más de 30 de ellos ha estado inmerso en el mundo de la política local. Diario EXPRESO conversó con él a propósito de la fecha, en una entrevista en la que deja de lado su cargo y -como casi nunca- pon

Antes de ocupar el cargo de alcalde de Guayaquil, en el año 2000, Jaime Nebot ya tenía más de 15 años inmerso en el mundo de la política. Fue diputado a inicios y finales de los noventa y fungió como gobernador del Guayas entre 1984 y 1988, cuando León Fe

El alcalde de Guayaquil está de cumpleaños. Son 70. Más de 30 de ellos ha estado inmerso en el mundo de la política local. Diario EXPRESO conversó con él a propósito de la fecha, en una entrevista en la que deja de lado su cargo y -como casi nunca- pone al descubierto al hombre, al jefe de familia, al ciudadano y al hincha que hay detrás de él.

¿Cuál fue el mayor riesgo que tomó en su vida?

Uno de mis mayores riesgos fue el día que secuestraron a Febres-Cordero en Taura, el 17 de enero de 1987, cuando me arriesgué a informarle al país la verdad, a convocar al pueblo a la calle siendo gobernador de la provincia y, gracias a Dios, las cosas salieron bien. Se salvó la democracia, se salvó la Constitución y se salvó él.

Con respecto a esa época... se hicieron bien algunas cosas y otras no tan bien...

Todos cometemos errores. Personalmente, creo que en mi vida hay más aciertos que errores. Pero aquello deben juzgarlo otras personas.

¿De qué no se arrepentiría?

De mis errores, precisamente. Siempre me levanto y sigo. Son peldaños que debe uno cruzar para alcanzar las metas. El problema no es caerse, es no levantarse.

Y de esos errores, ¿cuáles son los más grandes?

Eso se lo dejo a los que me han visto servirlos durante treinta y pico de años. No soy quién para juzgarme.

¿Qué lo motiva a abrir los ojos todas las mañanas?

Haber dormido suficiente y tener que seguir trabajando para servir; pero -sobre todo- el querer hacerlo.

¿Cómo empieza por lo general un día de su vida?

Me levanto antes de la seis, acudo a entrevistas, reviso documentos, leo los periódicos... Y después de doce o catorce horas de trabajo, me desconecto, para el hogar.

¿Qué hace cuando no funge de alcalde?

Me doy un tiempo de calidad con mi familia.

Ya que tocó el tema de la familia, ¿cuál es la mayor enseñanza de sus padres?

De mi madre, que gracias a Dios está viva, la disciplina, de mi padre, la tenacidad.

El alcalde va a misa con su madre todos los domingos. Es muy creyente. Ella vive al lado de su casa, en Mocolí.

¿Reza mucho?

Agradezco. A Dios no hay que pedirle que haga nuestro trabajo.

¿Cómo celebra el cumpleaños generalmente?

Con la familia y los amigos... Para mí es simplemente un año más. Me siento como si tuviera 35, pero tengo el doble.

¿El secreto de esa actitud?

Conciencia tranquila, comer para vivir y no vivir para comer, moverme e imponerme metas difíciles, que me permitan estirar la vida para alcanzarlas una a una.

A propósito de ‘estirar la vida’, ¿le asusta la muerte?

No me asusta, me preocupa. Preferiría no morirme mientras sirva a los demás y sea útil a mí mismo.

¿Qué haría si supiera que morirá mañana?

Despedirme de mi familia y mis amigos.

¿Nada más?

-Qué haría usted con 24 horas y tremenda complicación (ríe).

Si podría tomarse un café con alguien que creía inalcanzable, ¿a quién elegiría?

A Dios, posiblemente.

¿Se lleva con la Internet?

Creo que el futuro del mundo y el conocimiento actual está definitivamente en las redes. Uso la web, pero no la manejo personalmente.

Es amante del cine, al punto de tener una vasta videoteca en su hogar... ¿De dónde nace esta afición?

Mi abuelo me llevó al cine por primera vez cuando tenía seis años. Fue al 9 de Octubre, a ver una película de dibujos animados. Luego vi con él Los caballeros del rey Arturo, allá por los cincuenta. Desde ahí nació. Aún voy al cine...

¿Tiene película favorita?

Película no. Más bien época. Desde la segunda mitad de los cuarenta hasta la primera mitad de los sesenta. Cuando no había tantos efectos, las películas eran actuadas con mucha más profundidad.

¿Qué le ha enseñado la vida?

Querer, servir y saber que los amigos verdaderos se cuentan con los dedos de la mano.

Si pudiera cambiar un defecto, ¿cuál sería?

La impaciencia. Me gustan las cosas bien hechas y para ayer. No siempre es posible.

Lo que más ama.

Mi familia, sin duda, mi ciudad, mi país.

Lo que más odia.

No odio.

-¿Alguien que le inspire?

Mucha gente. No soy hombre de un solo libro ni admirador de una sola persona.

¿Qué piensa del miedo?

Yo solo tengo miedo de aprender a tener miedo y no poder vencerlo.

¿Café o té y por qué?

Té. Es más saludable. Me gusta más. El café me hace algo de daño al estómago cuando lo tomo en exceso.

¿Cigarrillo?

Nunca.

¿Toma?

Más cerveza que vino. También tomo whisky, con agua.

¿Color favorito?

Amarillo. Es muchas cosas en mi vida. Es claridad, es riqueza, es la 6... y es Barcelona.

Nebot termina en 2019 su cuarto y último periodo. El retiro será de la administración, no de la política. Antes de terminar, dice que trabajará para el pueblo mientras pueda.

El hombre de carácter fuerte y tono enérgico a la hora de estar frente a una tarima desaparece cuando Jaime Nebot llega a casa.

Puertas adentro, al alcalde le doblega el carácter la familia. Allí es dulce y comprensivo. Siempre lo ha sido.

Nebot está casado con Cynthia Bohrer, con quien procreó tres hijos: Jaime, Melissa y Nicole. Ellas, mellizas de 28 años, viven con él.

Es Melissa quien abre un espacio en su agenda por el cumpleaños de su padre y conversa con este Diario.

Lo describe como “superprotector” y dice que “siempre fue muy estricto con los permisos”; pero, asimismo, resalta que “es un padre acolitador”.

Y hay otra faceta del alcalde: “Como hijo, es el mejor”. Todos los días saluda y despide a su madre (que vive al lado de su casa). Entra, vigila que la atiendan bien y está pendiente de ella.

Melissa dice que nunca la vida política fue causa de ausencia de la figura paterna. Eso sí. En casa, “la dura” es la esposa del alcalde. “Creo que mi papá le delegó con gusto el liderazgo dentro de la familia”.

Al consultarle una frase de su padre, dice: “La grandeza o la desgracia de una persona empieza y termina con uno mismo, no es cuestión de ancestros ni de herencia”. BIMP